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La incertidumbre se apodera de las encuestas y da aire a Trump a una semana de las elecciones

Guillermo Ortiz 

La tendencia de las últimas encuestas a dar un resultado más ajustado se puede leer de dos maneras: o el presidente recupera espacio o están siendo precavidas.

Los encargados de realizar los sondeos electorales en Estados Unidos llevan cuatro años en el diván del psiquiatra y esa no es una buena noticia. Un fiasco como el de 2016 se da muy pocas veces en la historia. Quizá solo sea comparable a la debacle de Thomas E. Dewey ante Harry Truman en 1948 o a la infravaloración de Ronald Reagan ante Jimmy Carter en 1980.

Errores de ese tipo obligan a replantearse todo, ajustar la metodología y poner en cuestión lo que se daba por hecho. Ahora bien, por encima de todo, este tipo de errores provoca miedo. Miedo a volver a equivocarse. Miedo a que la confianza de medios y de ciudadanos vuelva a verse traicionada. Mala noticia para una industria que se basa en la confianza.

En ese sentido, la tendencia de las últimas encuestas a dar un resultado más ajustado se puede leer de dos maneras: bien el acutal presidente, Donald Trump, está recuperando terreno, sin más, bien las encuestadoras no quieren volver a llegar a las urnas con un resultado demasiado cerrado y prefieren abrir el abanico de opciones de los dos candidatos por si acaso.

Ambas cosas son posibles. Aunque normalmente nos basamos en medias de sondeos para analizar tanto la situación como la tendencia nacional y por estado, hay que aclarar que incluso esas medias tienen truco: 270towin prioriza mucho las más recientes, RealClearPolitics hace un balance más largo en el tiempo… y FiveThirtyEight aplica un sesgo según la confianza subjetiva que le provoca cada encuestadora.

Las tres coinciden, en cualquier caso, en acercar a Trump según van pasando los días. Las tres coinciden, también, en avisar de que va quedando menos tiempo y que casi es tan grave ir 11 puntos abajo cuando aún estás en agosto que estar siete abajo a falta de una semana. Si nos fijamos en la media nacional, ahora mismo RCP da una ventaja a los demócratas de 7,4 puntos. El 11 de octubre eran 10,3… pero el 11 de octubre quedaban dos semanas más para remontar y ahora el tiempo se acaba.

Por su parte, 270towin cifra la desventaja de Trump en 6,2 puntos… aunque la última encuesta de la NBC, que da 12 puntos de ventaja a Biden probablemente aumente el margen. Más consistente es FiveThirtyEight, que contempla un acercamiento de Trump pero le deja a 9 puntos de su rival electoral, un recorte casi anecdótico.

Resultado por estados

¿Cómo afectan estas cifras totales al resultado en cada uno de los estados? Según los responsables del tracking del Investor´s Business Daily, uno de los pocos que dieron en 2016 opciones a Trump, el límite estaría en el 3,1%. Una diferencia por encima de esa cifra exigiría mil carambolas para que el presidente en cargo pudiera repetir mandato a base de ganar por décimas muchos estados aunque perdiera otros por muchísima diferencia. Como vemos, incluso con la tendencia actual, las encuestas le dan al candidato Joe Biden el doble de esa ventaja. Sin embargo, el propio IBD, junto a la encuestadora TIPP, vuelve a dar unos resultados esperanzadores para Trump: apenas 4,4 puntos de diferencia y bajando, casi rozando el límite mencionado.

Ahora bien, esto no sirve de nada sin echar un vistazo detenido a los estados donde se va a decidir la batalla electoral. En todos ellos se aprecia una tendencia generalizada en favor de Trump, pero es interesante el dato que aporta RealClearPolitics al respecto: la ventaja de Hillary Clinton en las encuestas de los estados clave en 2016 era de un 2,2%. La de Biden este año es de un 3,9%. Si uno gana el voto popular porque ha arrasado en Nueva York o en California es una cosa. Si gana el voto popular con margen suficiente en los estados decisivos, la victoria es complicado que se escape. ¿Cuál es la situación exacta entonces en esos estados? Aquí tenemos este gráfico de 270towin para aclararnos:

Cómo se ve, Trump parece haber recortado la diferencia en Florida, Arizona y Carolina del Norte como para entrar de lleno en el margen de error de cualquier encuesta. Tengo la sensación de que el campo demócrata contaba con ello, como contaba con perder Georgia, Texas y Iowa aunque fuera por pocos votos. Si se llega con los seis estados en “toss up” (empate técnico), es muy complicado pensar que en todos ellos la balanza se vaya a inclinar en favor del mismo candidato.

Un reparto de estados sería terrible para las opciones de Trump. De hecho, y en esto he insistido varias veces, da la sensación de que una sola victoria en cualquiera de esos estados daría automáticamente la presidencia a Joe Biden.

Si Trump consiguiera pasar esa delicada prueba, su siguiente reto sería el llamado “Rust Belt”. Allí, en los Michigan, Wisconsin, Pennsylvania… fue donde Trump ganó las elecciones de 2016, gracias a la confianza sobre todo de votantes rurales blancos y de urbanitas desempleados tras el desastre de la industria del automóvil en la zona.

Ahora que está claro que la bonanza no va a volver mágicamente, puede que el apoyo a Trump pierda sentido. Si Biden gana esos tres estados y mantiene Minnesota, donde ya ganó Clinton en 2016, las elecciones son suyas. Ahora mismo, la diferencia en Michigan y Wisconsin hace improbable cualquier cambio. Queda, por tanto, Pennsylvania como única opción razonable republicana.

El problema de Pennsylvania

Y el problema aquí es que las encuestas en Pennsylvania dan demasiadas oscilaciones. Las medias suben a los 8 puntos de ventaja para Biden, bajan luego a los 4, se estabilizan en los 6… RCP, por ejemplo, da una diferencia de 3,8 puntos para los demócratas, pero FiveThirtyEight la aumenta hasta los 5,1 puntos.

En medio, queda 270towin, que, como hemos visto, cifra la desventaja de Trump en un 5% redondo. Si nos vamos al detalle, se puede apreciar que Insider Advantage da una ventaja republicana de dos puntos, pero es una excepción dentro de un mar azul. Si esas excepciones empiezan a convertirse en norma, Biden tendría motivos para preocuparse. Es lo que vamos a vigilar esta semana.

Como conclusión, si los sondeos no están mostrando un sesgo hacia la igualdad para guardarse las espaldas, da la sensación de que hay carrera pero muy inclinada hacia el lado de Biden. Según Nate Silver, las posibilidades de Trump se cifran en un 12%. En 2016, cuando también faltaba una semana para las elecciones, FiveThirtyEight le daba más del doble de opciones: un 24,8% en pleno derrumbe de Hillary.

Si entonces la victoria de Trump sorprendió al mundo, este año la sorpresa sería doble. La estrategia de castigar a Biden con las peripecias de su hijo Hunter no parece estar funcionando. Ucrania queda muy lejos. Con más del 60% del voto ya emitido por correo, además, los cambios de última hora tienen una importancia relativa. Seguiremos contándoselo, en cualquier caso. Nunca se sabe.

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