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Internacional

Londres y Bruselas sellan su divorcio y un acuerdo en materia de energía nuclear

Enrique Serbeto

La presidenta de la Comisión y el Consejo firmaron el pacto en Bruselas que luego fue enviado por avión a Londres para que Johnson lo rubricara

Los dos principales dirigentes de la Unión Europea y el primer ministro británico firmaron este miércoles el acuerdo comercial que definirá las relaciones futuras entre Reino Unido y Europa. En Bruselas, en una ceremonia sin más asistentes que un grupo de fotógrafos y decorada con banderas europeas, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el del Consejo, Charles Michel, firmaron el acuerdo que encuadra la ruptura histórica con un socio de más de cuatro décadas y que entrará en vigor el día 31 de diciembre a medianoche, hora de Bruselas. Los dos presidentes europeos también firmaron un protocolo para regular las modalidades por las que a partir de ahora podrán compartir con las autoridades británicas

 cierta información clasificada. La presidenta de la Comisión, que es la que tiene las competencias en materia de energía atómica, (Euratom) firmó otro sobre la cooperación nuclear con el Reino Unido.

Debido a las limitaciones impuestas por la pandemia, no pudo organizarse una ceremonia conjunta como habría sido normal en ester caso, por lo que los documentos fueron transportados hasta Londres por un avión especial de la Royal Air Force británica para que también fuesen rubricados por el primer ministro Boris Johnson. Más tarde, también en Londres, en la Camara de los Comunes se ratificó el acuerdo sin mucho suspense con una nueva victoria para Johnson que obtuvo una amplia mayoría de 521 votos a favor y 73 en contra, casi todos independentistas escoceses. De los votos favorables, 359 fueron de los tories y 162 de los laboristas. Solo dos parlamentarios conservadores no apoyaron el acuerdo y se abstuvieron: los partidarios del Brexit traumático John Redwood y Owen Paterson.

Aunque los plazos han sido muy justos y algunos diputados se quejaron por la falta de tiempo para leer siquiera una parte de las 1.246 páginas del tratado, su ratificación fue formalmente debatida en solo cinco horas y votada favorablemente en tiempo récord.

El acuerdo de libre comercio con todas sus consecuencias entrará en vigor de forma provisional el 1 de enero, lo que evitará cualquier incertidumbre legal en un momento muy delicado para las dos orillas del Canal. Falta la ratificación por parte del Parlamento Europeo que se ha negado a hacerlo con tan poco tiempo e incluso ha pedido que se extienda esta aplicación transitoria «algunas semanas» después del 28 de febrero, de modo que les permita estudiar bien en detalle el acuerdo antes del pleno de marzo, en el que preferirían poder pronunciarse. En caso de que ello plantease un problema irresoluble, deberían poder convocar una sesión plenaria extraordinaria a finales de febrero.

En Londres, el texto tenía que pasar anoche también por la Cámara de los Lores sin que se impusiera ninguna enmienda para convertirse formalmente en ley. No había ningún indicio de que la votación no vaya a ser favorable, aunque se esperaba que los lores introdujesen una resolución simbólica en la que querían expresar su tristeza por la desconexión con el resto de Europa.

Una resolución

En su intervención ante el Parlamento británico, Johnson dijo en un tono conciliador que «aquellos de nosotros que hicimos campaña para que Gran Bretaña abandonara la UE nunca buscamos una ruptura con nuestros vecinos más cercanos», ya que «lo que queríamos no era una ruptura sino una resolución, la resolución de la vieja y controvertida cuestión de las relaciones políticas de Reino Unido con Europa, que atormentaba toda nuestra historia de posguerra», explicó.

Para Johnson este acuerdo es el comienzo de una «nueva relación entre Gran Bretaña y la UE como soberanos iguales, unidos por la amistad, el comercio, la historia, los intereses y los valores, respetando la libertad de acción de los demás y reconociendo que no tenemos nada que temer si a veces elegimos hacer las cosas de manera diferente».

Keir Starmer, líder de la oposición laborista, finalmente no se enfrentó tampoco a la crisis de liderazgo que se temía después de que algunos miembros de sus filas amenazaran con abstenerse o votar en contra del acuerdo. De hecho, fuentes de la formación confirmaron que solo 36 de sus parlamentarios se abstuvieron y nada más que uno votó en contra. Durante el debate, Diane Abbott, que fue secretaria del Interior en la sombra bajo el mandato de Jeremy Corbyn, dijo que votaría en contra, pero cambió de opinión en el último minuto. Sin embargo, tres laboristas han dimitido como responsables de cargos parlamentarios tras negarse a votar a favor de Boris Johnson dando su aprobación a un tratado que creen malo para Gran Bretaña.

Johnson estaba tan eufórico que en una entrevista con la cadena BBC que se emitió más tarde y que tuvo momentos realmente extraños, el primer ministro llegó a exponer una curiosa teoría suya según la cual no sería tan negativo el que se vayan a restablecer los controles fronterizos con el mercado europeo puesto que tener que completar formularios de aduanas por primera vez podría beneficiar a las empresas que exportan a la UE, ya que significaría que aprenden a aplicar las mismas reglas que se usan en las exportaciones a cualquier parte del mundo.

Desde Bruselas, el desenlace de un asunto que ha tenido secuestrada la vida política europea en los últimos años se ha recibido con cierto alivio. «Un nuevo comienzo para unos viejos amigos» lo describía una portavoz comunitaria, justo antes de pasar a hablar del tratado de inversiones con China, la segunda economía del mundo, del que Londres está excluido. Naturalmente

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