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Nanaia Mahuta, la nueva ministra maorí de Exteriores en Nueva Zelanda

Emparentada con la monarquía indígena de este archipiélago de las antípodas, se convierte en la primera mujer en dirigir su diplomacia en el nuevo Gobierno de Jacinda Ardern

Si un Gobierno debe ser la representación de un país, tanto de quienes lo han votado como de los que no, parece que la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, ha vuelto a dar en el clavo con su nuevo gabinete tras su aplastante victoria en las elecciones de hace dos semanas. La clave de ese clavo es, como ella misma se enorgulleció de anunciar ayer, la «increíble diversidad» de su nuevo Ejecutivo, que representa al crisol de culturas de este bello archipiélago de Oceanía. De sus 20 ministros, ocho son mujeres, cinco son indígenas maoríes, tres son descendientes de los pueblos del Pacífico y otros tres son homosexuales. Obviamente, Ardern insiste en que los ha elegido no por

esos motivos, sino por sus méritos.

Como Nueva Zelanda está en las antípodas de España, el rostro que más veremos en el futuro será, además del de la propia Ardern, el de su ministra de Exteriores, la maorí Nanaia Mahuta. Con el tradicional tatuaje «moko kauae» adornándole la barbilla, esta antropóloga de 50 años se convierte en la primera mujer en dirigir la diplomacia neozelandesa, pero ya estuvo en el anterior Ejecutivo de Ardern y se encargó de otras carteras en el Gobierno laborista elegido entre 2005 y 2008.

Nacida en Auckland y educada en un internado religioso femenino, está emparentada con la monarquía maorí porque su padre, el también político Sir Robert Te Kotahi Mahuta, fue adoptado siendo un bebé en 1939 por el rey Koroki y se convirtió en el hermano mayor de la que luego sería la reina más longeva de dicho pueblo, Te Atairangikaahu. En asuntos más plebeyos, fue el primer líder maorí en lograr una indemnización estatal por el expolio de las tierras de su tribu durante la colonización de Nueva Zelanda.

Para honrar a sus ancestros como marca la tradición, Nanaia Mahuta se tatuó la barbilla en 2016, convirtiéndose en la primera diputada del Parlamento que llevaba un «moko kauae». Así quiso luchar también contra el estigma de estos tatuajes aborígenes, ligados con frecuencia a las bandas formadas por delincuentes de esta etnia. Aunque los maoríes y descendientes de los pueblos del Pacífico son menos de un cuarto de los casi cinco millones de habitantes de Nueva Zelanda, lideran las estadísticas de pobreza y delincuencia. No es de extrañar pues que ministros indígenas se vayan a encargar de la justicia y la policía, pese a que Ardern diga que es una mera coincidencia.

A Nanaia Mahuta, en cambio, le espera la política internacional en un momento turbulento por la pandemia del coronavirus, que ha «reventado» la globalización y traído la mayor crisis económica desde la «Gran Recesión» de 2008. «Es alguien que construye fantásticas relaciones muy rápidamente, lo que es clave en las relaciones exteriores», alabó Jacinda Ardern, según informa la agencia AFP.

Además de recuperar la economía tras el impacto del coronavirus, controlado por un temprano cierre de las fronteras, al nuevo Gobierno neozelandés y a la ministra Mahuta les tocará lidiar con un mundo cada vez más polizarado dentro de la «Nueva Guerra Fría» entre Estados Unidos y China. Integrada en la alianza de seguridad e inteligencia de los «Cinco Ojos» («Five Eyes») junto a EE.UU., el Reino Unido, Australia y Canadá, Nueva Zelanda eligió bando hace tiempo y fue uno de los primeros países en prohibir el 5G de Huawei. Ahora, con su ministra de Exteriores maorí, desplegará su diplomacia a ritmo de «haka».

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