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La Cocinita

De una vez por todas, ¿engorda más el solomillo de cerdo que el de ternera?

Beatriz G. Portalatín

Se considera carne roja y por ello hay que tomarla de forma ocasional, y dentro de esas ocasiones además, mejor optar por sus partes magras como el solomillo.

De entre todas las carnes, la de cerdo es una de las más vendidas en España. Tanto es así que entre las carnes frescas, la de cerdo es la segunda en consumo, después de la carne de pollo. Según datos del último Informe del Consumo de Alimentación en España 2019, el consumo por persona y año de carne de cerdo fue de 9,64 kilos (la de pollo fue de 12,37), una cantidad -eso sí- un 3,8% menor que en 2018.

¿Qué sabemos realmente sobre este tipo de carne? ¿Engorda tanto como dicen? Sabemos que las carnes blancas o magras son carnes saludables que se incluye dentro de un patrón de dieta sana y mediterránea, y que por su parte, las carnes rojas no tienen tan buena fama, por sus riesgos demostrados para la salud (mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares e incluso de cáncer) y por tanto, deben consumirse de forma ocasional. En este segundo grupo, está la carne de cerdo.

Del cerdo, mejor sus partes magras

“La carne de cerdo se engloba dentro de las carnes rojas, según todas las clasificaciones (nutricionales) oficiales. Por tanto, esta carne no debemos consumirla de forma abundante en nuestra alimentación”, explica a EL ESPAÑOL la dietista y nutricionista, Leticia Garnica, miembro del Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad de Madrid (CODINMA).

Sin embargo, es importante hacer hincapié, aclara esta experta, en que depende del corte del cerdo, la carne será más o menos calórica y más o menos saludable. “El cerdo tiene partes magras como son por ejemplo, el solomillo o el lomo que son partes más saludables porque tienen menos grasas saturadas. Por ello, cuando optemos por tomar cerdo, mejor escoger esas partes magras. Las partes más grasas, mejor tomarlas sólo de vez en cuando”, aconseja.

Así, las partes magras del cerdo, tienen un un contenido bajo en grasas saturadas, “concretamente por 100 gramos de carne magra de cerdo, solamente 2,4 gramos son grasas saturadas, menos del 10% de lo que podemos ingerir diariamente”. “Además, nos aporta grasas monoinsaturadas, entre ellas ácido oleico”, explica.

“Dependiendo de qué parte del cerdo vayamos a comer y la forma en la que lo cocinemos, tendrá unas calorías determinadas. Si hablamos del solomillo o lomo de cerdo, estas tienen aproximadamente unas 138 calorías por 100 gramos frente al tocino de cerdo que tiene 556 calorías“, añade. De modo que “hay cortes de la carne de cerdo que engordan más que las otras carnes, pero hay partes del cerdo (como hemos dicho) que tienen menos grasa que la carne de vaca, como es el lomo y el solomillo de cerdo”, apunta la experta.

Consumo moderado

En general el consumo de carnes rojas y embutidos, según todas las guías nutricionales, debe ser moderado y ocasional, dentro de una alimentación saludable. Por lo que en el caso de la carne de cerdo, el consumo no debe ser regular y “no deberíamos tomarla más de una o dos veces a la semana y elegir mejor, las partes más magras”, según aconseja Garnica.

Como explicamos en este artículo, dentro de la las pautas de la dieta mediterránea, el consumo de las carnes rojas está indicado para ser moderado y/o para ocasiones. Y según apuntaba la Fundación Española del Corazón (FEC) en este informe es importante que sobre todo los pacientes cardiacos eviten o disminuyan estas carnes en su dieta.

Otra cuestión importante es el método de cocinado. Cuanto más sencillos, mejor, más saludable. Las técnicas más recomendables para la carne de cerdo serían a la plancha, guisado o al horno, intentando evitar los rebozados, fritos y empanados. También, añade Garnica, “podemos recurrir a papillote o salteados, acompañados por hierbas aromáticas como el romero, marinados y acompañarlos siempre con verduras”.

Los beneficios: vitamina B y proteínas

En general, la carne de cerdo (tanto sus partes más magras como las más grasas) se compone fundamentalmente de tejido muscular que contiene agua, sales minerales, vitaminas, proteínas, hidratos de carbono, lípidos y tejido conectivo. “La composición de la carne puede variar por distintos factores como pueden ser la raza, la edad, el sexo, el entorno en el que ha vivido el animal, la alimentación y las transformaciones de la carne que hayamos hecho”, expone la experta en nutrición.

La carne de cerdo es en general, una fuente de vitaminas del grupo B. Tiene también, aunque en una menor proporción, vitaminas A y D que sobre todo se encuentran en las partes más grasas. “Las proteínas de esta carne son de alto valor biológico por lo que nos aseguran el consumo de los aminoácidos esenciales y además cabe destacar su contenido en hierro, zinc y potasio”, finaliza.

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