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Literatura

Los mejores libros para pedir a los Reyes Magos

Inés Martín Rodrigo

Los más rezagados aún tienen tiempo de tomar nota de estas recomendaciones literarias perfectas para empezar el año leyendo

Las maravillas», de Elena Medel (Anagrama).

Pocos libros hacen tanto honor a su título como «Las maravillas», la primera novela de Elena Medel (Córdoba, 1985). Sin caer en la obviedad ni en los tópicos, con una escritura que destila lirismo, Medel narra lo que para las mujeres ha supuesto la Historia más reciente de España, hasta ayer mismo. Porque María y Alicia, sus protagonistas, podríamos ser cualquiera y, sin embargo, no lo somos. Un prodigio narrativo.

«Simón», de Miqui Otero (Blackie Books).

Hay en «Simón» (Blackie Books), la última –y mejor– novela de Miqui Otero (Barcelona, 1980), muchos ecos de todos esos autores, de Marsé a Mendoza, que le han hecho ser el escritor que hoy es: uno de

los mejores de su generación. Pero, sobre todo, lo que hay es una voz propia, construida con el peso del pasar las miles de páginas leídas por Otero, que es consciente, desde el arranque del libro, de la historia que quería contar: la de un antihéroe que termina salvándonos a todos, incluso a él.

«Las voladoras», de Mónica Ojeda (Páginas de Espuma).

Da igual que escriba novela, poesía o relato. Mónica Ojeda (Guayaquil, Ecuador, 1988), rompe siempre las costuras de todo género que toca. Y lo hace conjurando la fantasía de lo cotidiano para crear la más alta literatura. Como en «Las voladoras» (Páginas de Espuma), su último libro de cuentos. En él, nos descubre el gótico andino, pero, sobre todo, pone nombre a todos esos miedos compartidos, ancestrales. Porque Lovecraft tenía razón: el horror es la atmósfera.

«La mercancía más preciosa», de Jean-Claude Grumberg (Tres Puntos Ediciones).

Presto bastante atención a todo lo que publica Tres Puntos Ediciones desde que descubrí «Los argonautas», de Maggie Nelson. Y su última novedad de este annus horribilis no defrauda, ni mucho menos. Obra del francés Jean-Claude Grumberg, que ha trabajado como guionista de Truffaut y Costa-Gavras, «La mercancía más preciosa» es un cuento estremecedor, una fábula poética, desprovista de moralina, que relata la historia de un matrimonio judío que, camino de un campo de concentración en un tren, entrega a uno de sus hijos a una pareja de leñadores. Michel Hazanavicius», director de «The Artist, se ha hecho con los derechos del libro y rodará una cinta de animación.

«A Freewheelin’ Time. En el camino con Bob Dylan», de Suze Rotolo (Barlín Libros).

Seguramente, el nombre de Suze Rotolo no les suene, pero sí recordarán una imagen que, en parte, protagonizó: la portada del segundo disco de Bob Dylan. Rotolo fue su pareja entre 1961 y 1964, años fundamentales en la personalidad artística del músico; pero, además, fue una gran artista, olvidada en el margen de la Historia y a la que Barlín Libros reivindica publicando sus memorias, «A Freewheelin’ Time».

«El colibrí», de Sandro Veronesi (Anagrama).

En una de mis canciones favoritas de la banda McEnroe, Ricardo Lezón dice que «la tristeza tiene su parte de belleza». Es una verdad tan dolorosa como universal, y muy pocas novelas lo reflejan de un modo tan hermoso como «El colibrí» (Anagrama), el último libro del italiano Sandro Veronesi. Porque, aunque la existencia de Marco Carrera está llena de desgracias, el autor italiano las cuenta con delicadeza y ternura. Una delicia de lectura.

«Una jaula en un jardín de verano», de Margaret Drabble (Alba Editorial)

La colección Rara Avis de Alba Editorial es uno de mis «non-guilty pleasures» favoritos. En ella, manda la exquisitez literaria, y los hallazgos son siempre sorprendentes. El último de ellos, la recuperación de la primera novela de Margaret Drabble, «Una jaula en un jardín de verano». Al más puro estilo british, la autora narra, por el puro deleite de hacerlo, pero con mensaje incluido, la historia de la joven Sarah, que regresa desde París a la casa familiar para la boda de su hermana Louise.

«Lo que queda de luz», de Tessa Hadley (Sexto Piso).

«Lo que queda de luz», de Tessa Hadley (Bristol, Reino Unido, 1956), ha sido una de las más gratas sorpresas literarias que me dejó el infausto 2020. Hadley, una autora delicada y perspicaz a la hora de retratar la naturaleza humana, narra en esta novela la historia de dos parejas (Alex y Christine, y Zachary y Lydia) que tejen y destejen los hilos emocionales, hasta quedar confundidos en el desorden de su propia madeja. Como espectadores, sus hijos, secundarios de lujo a los que Hadley confiere el don de la empatía sin renunciar a hacerles sentir al son de sus progenitores, incluso cuando la vida parece detenerse.

«Cuentos completos», de Kate Chopin (Páginas de Espuma)

Muchos son los avatares que rodean la vida del escritor. Pero en el caso de Kate Chopin (1850-1904), una de las voces más sugerentes de la literatura estadounidense de la segunda mitad del siglo XIX, la mala fortuna fue, en realidad, impuesta. Quienquiera que tuviera la facultad para hacerlo acalló su portentosa capacidad narrativa, la silenciaron todos aquellos que la consideraban demasiado atrevida, moderna para los mojigatos estándares del canon literario. Ecos de su talento escuchamos, por ejemplo, en Toni Morrison o Joyce Carol Oates. Por eso es tan importante su recuperación y, sobre todo, su reivindicación. Una tarea que ha vuelto a acometer, con destreza, Páginas de Espuma, que acaba de publicar en España sus «Cuentos completos», en los que se incluyen las dos colecciones publicadas en vida y, también, los relatos que Chopin dejó proyectados para un tercer libro, además de los que quedaron dispersos y olvidados.

«Como cambia el mar», de Elizabeth Jane Howard (Siruela)

Podría ser una excusa para volver a recomendar sus « Crónicas de los Cazalet», pero lo cierto es que «Como cambia el mar» es una de las mejores novelas de Elizabeth Jane Howard. Publicada por primera vez en 1960, en ella la autora británica narra, con paradas en Londres, Nueva York, Atenas y la isla de Hidra, la historia de Emmanuel y Lillian, un matrimonio que vive en constante crisis desde la muerte de su hija.

«Una mujer», de Annie Ernaux (Cabaret Voltaire).

La madre de Annie Ernaux (Lillebonne, Francia, 1940) murió el 7 de abril de 1986 tras una enfermedad que la dejó sin memoria y la privó de su integridad física e intelectual. Su hija fue testigo de ese sufrimiento, pero también de una existencia apasionante y apasionada, cuyas huellas sigue, hasta reconstruirla, con ese estilo suyo que te aguijonea. «Una mujer» (Cabaret Voltaire) es el testamento de toda descendencia

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