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Probamos el Ford Mustang Shelby GT500: deliciosa y salvaje fruta prohibida en Europa

Cuando se trata de coches, América parece otro mundo. Allá no verás un motor de tres cilindros para ningún modelo de la gama Ford Performance; lo más pequeño que encontrarás es un V6 de 2.7 litros. En ese mundo, donde los límites parecen no existir, el Mustang Shelby GT500 aprovecha un V8 de 5.2 litros, y se corona como el Ford de calle más potente de la historia. Una fruta casi prohibida en Europa a la que hemos podido ponerle las manos encima y saborearla a fondo.

Un deportivo de culto en América

Carroll Shelby siguió de cerca el proyecto del Ford Mustang desde su inicio. Su primera colaboración se materializó en el GT350, tan solo nueve meses después del lanzamiento del Mustang, pero su obra maestra no nació hasta 1966, con el primer Mustang Shelby GT500.

El objetivo de la compañía era que aquel coupé, que nació como un deportivo asequible, alcanzara un nivel de desempeño en circuito digno de deportivos de renombre. El mismo Carroll Shelby dijo que ese GT500 era el primer coche del que realmente se sentía orgulloso.

 

El apellido Shelby GT500 es de culto en América, y Ford le pone particular cariño a cada generación de esta variante. Crear el Mustang más potente de la historia no ha sido algo que se tomen a la ligera. No sólo ha sido cuestión de inyectar potencia a lo bestia —aunque un poco sí— sino de conseguir un chasis capaz de domar a 771 CV y 847 Nm que tocan el asfalto sólo con el eje trasero.

En 1966, con el Shelby GT500 original, Carroll Shelby dijo que era el primer coche del que se sentía orgulloso.

Desde que pulsas el botón de encendido, el rugido del escape eriza la piel. Y al acelerar es estremecedor, tanto como lo es el apetito de este V8 al devorarse el velocímetro. Su mejor momento está a un régimen entre 5.000 y 7.500 rpm —sí, es capaz de girar a revoluciones así de altas—, aunque su capacidad de pegarnos al respaldo al acelerar no deja de sorprender incluso partiendo de relentí. Con 5,2 litros de cilindrada y un supercargador Eaton de 2,6 litros, no esperaba menos.

Un ‘muscle-car’ sorprendentemente obediente

 

Este motor encaja a la perfección con el concepto de muscle-car. Existe la creencia —no tan errada— de que estos deportivos yanquis son solo potencia desbocada, que sólo brillan en línea recta y que si trazan curvas es porque van drifteando. Este Mustang puede ser tan bronco como su linaje le ha enseñado por décadas, pero también es cierto que esta vez Ford ha prestado más atención en lograr una dinámica más controlable.

Dicho de otro modo, el Mustang ya no sólo quiere poner su nombre entre los récords del 1/4 de milla, sino también en los tiempos más rápidos de circuitos demandantes. Y conseguirlo no ha sido sencillo.

 

Ford tuvo que desarrollar mucho hardware de alto calibre y se vio obligado a asociarse con distintas firmas para fabricar sistemas capaces de ponerle las riendas a un V8 así de potente.

El Mustang Shelby GT500 se vale de un diferencial Torsen de deslizamiento limitado y de una transmisión automática de doble embrague de siete cambios desarrollada por Tremec para intentar llevar todo su poder al asfalto. Y digo “intentar” porque ni con los neumáticos Michelin Pilot Sport 4S logra plasmar el 100 % de la tracción cuando llevamos el motor al límite.

Mantiene su carácter bronco, pero su dinámica ahora es mucho más controlable. Sorprende su capacidad de soportar aceleración lateral.

La violenta respuesta del motor nos hace sentir que en ocasiones hay más potencia que tracción, lo que significa que hay que ser mesurados con el acelerador, aunque el sonido del escape sea tan adictivo que quieras llevarlo a todo gas todo el tiempo. El Shelby GT500 marca sólo 3,5 segundos en completar el 0 a 100 km/h, y 11 segundos en el 1/4 de milla.

 

Los más puristas —que cuando hablamos de Mustang, no son pocos— criticaron que Ford no ofreciera una transmisión manual para esta generación del Shelby GT500. Es cierto que un cambio automático de doble embrague, por muy eficaz que sea, nunca reemplazará el sabor de una caja manual, aunque también es verdad que así mejora sus tiempos de aceleración y se vuelve más sencillo de controlar. Habrá quien sea capaz de domarlo con tres pedales, pero el grueso de sus clientes, por muy amantes que sean de las transmisiones manuales, le sacarán más partido con este cambio desarrollado por Tremec.

El cambio automático de doble embrague hace tan bien su trabajo, que Ford decidió no ofrecer una transmisión manual en esta generación.

Ford también prestó mucha atención al chasis. El Shelby GT500 es notablemente más rígido que un Mustang GT. Varía la geometría de suspensión, recibe resortes helicoidales más ligeros y estrena suspensión magnética. Ford explica que esta fórmula le permite soportar la mayor aceleración lateral de cualquier Mustang, y no miente.

 

Si algo me sorprendió, además de la brutal respuesta del motor, es el grado de precisión en su comportamiento en circuito. Su paso por curvas sorprende por el buen manejo de las transferencias de peso, que se hacen notar, pero no te sacan de la trayectoria. Ojo, porque estamos ante un coupé que marca alrededor de 1.900 kg en báscula.

La dirección tiene el peso correcto y es extremadamente precisa, obediente hasta en el más sutil de los movimientos como lo amerita un auto hecho para las pistas. Los frenos son Brembo de seis pistones delante y cuatro atrás. Brillan por su capacidad de morder, pero sobre todo porque son incansables, y eso es importantísimo en un coche deportivo al que se le exige tanto en circuito. Eso sí, quizá el recorrido del pedal no fue totalmente de mi gusto, pero eso no tiene nada que ver con su capacidad de detención.

En resumidas cuentas, este Shelby GT500 mantiene ese carácter rebelde que tanto gusta en un muscle-car, y a la vez llega a ser tan obediente como lo amerita un coche para la pista. Volverá a ser tan indomable como lo recuerdas, tan pronto desactives asistencias y lo programes en su configuración más agresiva.

Un interior de sabor deportivo que no escatima detalles

 

El Mustang Shelby GT500 no es sólo la máquina. En el momento de su creación, Ford buscó cuál era el límite entre un coche de carreras y uno legal en la calle, y justo en la frontera colocó al Shelby GT500. Por ello encontramos todo lo que hemos hablado hasta ahora, pero también tecnología y detalles para el día a día.

Hay elementos muy enfocados a experiencia en pista, como las Track Apps que te informan de parámetros de desempeño en circuito, aunque también tienes conexión WiFi, sonido Bang & Olufsen de 12 altavoces, navegador, comandos de voz, compatibilidad con Android Auto y Apple CarPlay, cámara trasera, detector de punto ciego y demás asistencias para el día a día.

 

Un detalle curioso es que el sonido del escape se puede regular en cuatro niveles: silencioso, normal, deportivo y pista. Te preguntarás por qué existe un modo silencioso. Arranca este coche un día a las 5 de la mañana y pregúntaselo a tus vecinos.

El habitáculo se viste con lo esperado de un coche de este nivel, con volante forrado en Alcántara, detalles en fibra de carbono, unos espectaculares asientos Recaro y pedales de aluminio. Se siente como el deportivo que es y el diseño muy “a lo Mustang” también gusta. Mantiene este sabor a tradición, incluso en algunos gráficos del cuadro de instrumentos digital.

 

Del interior sólo hay dos cosas que no terminan de encantarme. Una son algunos acabados, porque pese a su precio y nivel de dinámica, sigue tomando a un Mustang como punto de partida, y eso se refleja en algunas piezas rígidas. Una vez que entiendes que estás pagando por desempeño, y no por sabor premium, lo ignorarás.

El otro aspecto es el selector de velocidades de la transmisión. Entiendo que no quisieran ofrecer una caja manual, pero se echa de menos una palanca para el automático. Creo que es un coche deportivo con tanto sabor a tradición, que apostar por el mismo selector de marchas y enfoque hi-tech que un Kuga no es lo más atinado. Habrá a quien le guste, pero ojo, Mustang es un modelo que vive de puristas.

Un Mustang que Europa no puede comprar a Ford

 

En verano de 2019, Ford se llevó al Mustang Shelby GT500 al emblemático Goodwood Festival of Speed, y aunque causó revuelo entre fanáticos de la marca, Ford decidió que no se venderá en Europa. La gama del Mustang en nuestro mercado, por lo tanto, queda compuesta sólo por el EcoBoost de 2.3 litros y el GT —con su variante Bullitt.

El GT500 queda fuera del alcance de los compradores europeos, al menos de manera directa, porque Ford no lo vende directamente aquí. En cambio, el importador austriaco Peicher sí que lo comercializa en nuestro mercado. Eso sí, el precio a pagar convierte el deportivo en un verdadero capricho. Si el GT convencional parte de 50.950 euros, el Ford Mustang Shelby GT500 roza los 110.000 euros.

Ford Mustang Shelby GT500: nuestra puntuación

7.8 

Diseño exterior 10
Diseño interior 8
Calidad 7
Habitabilidad 6
Maletero 7
Motor 10
Seguridad 8
Comportamiento 9
Comodidad 7
Precio 6

A favor

  •  El sonido del motor es una delicia
  •  La capacidad de aceleración sorprende
  •  Es uno de los muscle-car que mejor se entiende con el circuito

En contra

  •  La habitabilidad en los asientos traseros es casi nula
  •  El consumo de combustible es muy elevado
  •  Ford no lo vende directamente en Europa

Ficha técnica

Versión probada Shelby GT500
Cilindrada 5.163 cm³ Tipo de tracción Trasera
Bloque motor 8 cilindros en V Combustible Gasolina
Potencia (CV @ rpm) 761 @ 7.300 Capacidad del depósito n/d
Par motor (Nm @ rpm) 847 @ 5.000 Consumo urbano n/d
Masa en vacío 1.905 kg Consumo extraurbano n/d
Velocidad máxima 288 km/h Consumo combinado 12,3 l/100 km
Aceleración 0-100 km/h 3,5 segundos Capacidad maletero n/d
Transmisión Doble embrague 8 velocidades Precio 109.990 euros

El coche utilizado para realizar esta prueba ha sido prestado por Ford México. Para más información consulta nuestra guía de relaciones con empresas.

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