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El general de mayor rango de EE.UU. pide perdón por acompañar a Trump en un polémico paseo

David Alandete

«No debería haber estado allí», dijo el general Milley en un discurso grabado en vídeo para la ceremonia de graduación de la Universidad Nacional de Defensa

El militar de mayor rango de los Estados Unidos, el general Mark Milley, que es el jefe del Estado Mayor Conjunto, ha tomado la insólita decisión de pedir perdón públicamente por haber acompañado vestido de uniforme de combate al presidente, Donald Trump, a pasear por la plaza de enfrente de la Casa Blanca después de que esta fuera desalojada por la fuerza por los antidisturbios hace dos lunes.

«No debería haber estado allí», dijo el general Milley, del Cuerpo de Infantería, en un discurso grabado en vídeo para la ceremonia de graduación de la Universidad Nacional de Defensa. «Al estar allí di la impresión de que las Fuerzas Armadas están involucradas en política nacional, y no es el caso», añadió el general.

El 1 de junio, tras tres noches de protestas en Washington por la muerte del afroamericano George Floyd en Mineápolis bajo custodia policial, Trump se proclamó presidente de «ley y orden» y emergió de la Casa Blanca por la puerta delantera después de que la plaza frente a esta fuera desalojada de cientos manifestantes que en ese momento protestaban de forma pacífica.

Al presidente le acompañaron su hija Ivanka; su yerno, Jared Kushner; varios ministros, y el general Milley, de uniforme. Este último pasó la noche de aquel lunes supervisando desde las calles de la capital un dispositivo de seguridad para ahogar disturbios, saqueos y vandalismo. Los demócratas y algunos republicanos acusaron a Trump de militarizar la respuesta a una oleada de protestas raciales.

Críticas de otros militares destacados

Trump decidió visitar la iglesia de San Juan, a una calle de la Casa Blanca, porque la noche anterior sus bajos, donde está la sacristía, fueron quemados en los disturbios. «¡En América no se queman iglesias!», proclamó después el presidente en Twitter.

El exministro de Defensa James Mattis, él mismo general del Marine Corps, ha sido muy crítico con el uso de las Fuerzas Armadas por parte de Trump, y con que la cúpula militar se haya prestado a ello. Secundaron esa opinión algunos de los militares retirados más prestigiosos de EE.UU., como el general del Marine Corps John Kelly, que fue jefe de gabinete de Trump, o el almirante de la Armada Mike Mullen, que fue también jefe del Estado Mayor Conjunto.

«Mi presencia en ese momento y en ese ambiente creó una percepción de que los militares estamos involucrados en política nacional», dijo Milley. «Como oficial uniformado, he aprendido de ese error y espero sinceramente que todos podamos aprender de él».

La Casa Blanca comparó esa visita de Trump a la iglesia de San Juan con la de Winston Churchill a los barrios de Londres que fueron dañados por los bombardeos nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

El actual ministro de Defensa, Mark Esper, ya ha tratado de marcar distancias con Trump al oponerse a movilizar más tropas para contener los disturbios y afirmar que no sabía que Trump iba a la iglesia a hacerse una foto con una Biblia en la mano. Según informa AP, Trump le recriminó a Esper esas declaraciones en una reunión cara a cara.

Ahora tanto el Pentágono como el Estado Mayor Conjunto se enfrentan a una petición de la oposición y de muchos manifestantes de que cambien el nombre de bases militares como Fort Bragg o Fort Hood dedicadas a líderes confederados, que perdieron la Guerra Civil tras defender el esclavismo. El presidente Trump se ha negado. «Los que borran la historia están condenados a repetirla», ha dicho el presidente en Twitter.

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