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Nutrición

El ‘boom’ del caldo de pollo de Hacendado: lo que esconde el último ‘hit’ de Mercadona

La cadena de supermercados ha incrementado las ventas de este producto un 23% este otoño y despacha alrededor de 84.000 litros al día.

Con la llegada del invierno, los hábitos de consumo tanto en España como en el resto de países del mundo cambian. El frío y el mal tiempo condicionan sobremanera nuestro apetito y buscamos el calor no sólo metiéndonos debajo de la manta o a través del roce con nuestros semejantes, sino también a través de los alimentos que tomamos durante el desayuno, la comida o la cena. Así, si en el verano los reyes de la fiesta son sopas frías como el gazpacho, los helados o la fruta fresca, con la llegada del invierno solemos volver a los guisos como el cocido o las lentejas y a los calditos calientes.

Eso se ve reflejado directamente en los hábitos de consumo cada vez que acudimos al supermercado. Mercadona acaba de hacer público que, precisamente, uno de sus caldos, el caldo de pollo, que comercializa a través de su marca blanca Hacendado y fabrica la compañía guipuzcoana Interal, ha incrementado sus ventas un 23%. En concreto, la compañía dirigida por Juan Roig vende 84.000 litros de caldo de pollo al día.

“Aunque es un producto de venta habitual en España durante todo el año, con la llegada del invierno los Jefes (clientes) lo eligen en mayor medida ya que, cuanto más frío hace, mayor es el consumo de platos calientes“, reconoce Mercadona en un comunicado en su página web en el que también se explica que este producto es “ideal para tomar en casa con pasta y arroz, así como para cualquier tipo de guiso o consomé”.

Pero, ¿cuál es el secreto del éxito del caldo de pollo Hacendado de Mercadona? ¿Qué ingredientes se utilizan para su elaboración? Según puede leerse en su etiqueta y según su propia definición, un caldo industrial como éste está compuesto fundamentalmente de agua. Aparte de eso cuenta con un 2% de pollo, almidón modificado de maíz (un aditivo que se utiliza habitualmente en la industria como espesante, con el objetivo de mejorar la consistencia y la textura), hortalizas como el puerro, la zanahoria, la patata y el apio, aceite de oliva y especias.

Estos ingredientes y la gran cantidad de agua que se utiliza para elaborar el caldo, que se comercializa en briks de un litro, hacen que no contenga apenas calorías. De hecho, una ración de 250 mililitros aporta apenas 13 kilocalorías, según puede leerse en la base de datos de productos alimentarios Open Food Facts. Su contenido en grasas es menor de 0,5 gramos por cada 100 gramos, el de hidratos no llega a los 1,5 gramos, y el de fibra también es menor de 0,5 gramos. Esto le otorgaría una puntuación C en Nutriscore, el semáforo nutricional que pretende implantarse en España y que te dice si un alimento es saludable o no.

Cómo se fabrica

Los caldos que elaboramos en casa de forma tradicional suelen tener una base de hortalizas a la que se le añaden trozos de carne (en el caso de que el caldo sea de carne) o pescado y marisco (en el caso de que queramos que el caldo sepa a pescado). Que uno de estos caldos tenga más o menos grasa, o sea más o menos ligero y saludable, dependerá del tipo de carne o pescado que utilicemos y de la cantidad de ingredientes sanos que se incorporen al mismo. En el caso del pollo, se trata de una de las carnes que menos grasa tiene.

Pero, ¿cómo se fabrica un caldo industrial a gran escala? ¿Se utilizan ollas como las que podríamos tener en nuestra casa? La cosa tiene su miga. Tal y como explicó la farmacéutica y especialista en I+D Gemma del Caño en su blog de divulgación, la industria corta todos los ingredientes para extraer el máximo de sabor y, después, los coloca en unas cubas enormes donde se cocinan durante un tiempo aproximado de unas tres horas. “Posteriormente es necesario enfriar el caldo rápidamente y a continuación se homogeneiza y desengrasa. Se pasteuriza (es una grandísima e importante diferencia con el que hacemos en casa) y se envasa”, escribe la especialista.

Del Caño confirma que el caldo envasado puede ser un gran aliado para los momentos en los que no nos apetece cocinar. Sin embargo, conviene estar muy atento a los ingredientes para saber si estamos ante un producto saludable o no. Además, reclamos como “artesano” o “casero”, por mucho que se utilicen en los envases, no dicen absolutamente nada sobre la calidad de un caldo porque no están definidos por la legislación española.

Así, según la experta, las proporciones tanto de pollo como de pescado son importantes para conocer la calidad de estos productos (cuanto mayor sea su presencia, mejor). De la misma forma, no todos los ingredientes son igual de saludables, ya se haga el caldo en casa o de forma industrial. “Muchas veces creemos que hacer un caldo es muy sano, pero luego le pones jamón, tocino o ingredientes que engrasarán y salarán el caldo más de la cuenta”.

Por último, la experta avisa que, a pesar de que los caldos industriales pueden ser grandes aliados en la cocina, también conviene tener claro que no todos son iguales. La respuesta siempre la tendrá la etiqueta. “Si no comprobamos el etiquetado, el caldo casero se convierte en agua, almidón y ‘cosas'”.

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