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Nutrición

El huevo frito congelado existe: ¿genialidad o invento idiota?

Una imagen de un huevo frito congelado difundida en Twitter.

Alba Moraleda

Cada cierto tiempo una foto de este invento reaparece en las redes e indigna a los usuarios. La semana pasada regresó, pero esta vez un tecnologo de alimentos explicó por qué no es una estupidez.

Cada cierto tiempo una fotografía de un huevo frito congelado empaquetado en una bolsita de plástico indigna a los usuarios de las redes sociales en España. “¿Pero cooomooo?”, “El mundo se va a la mierda”, “Me bajo de la vida”, son las reacciones de algunos tuiteros ante lo que parece, al menos en un primer momento, un invento estúpido del capitalismo para crear necesidades absurdas y, de paso, agravar aún más la contaminación por plástico. Y la verdad que visto así, sin una explicación, el huevo frito envasado parece la tontería más grande del mundo. Pero en la última semana, la foto ha vuelto a moverse en Twitter, esta vez para tratar de explicar por qué no es una estupidez fabricar huevos fritos congelados.

En esta ocasión, Miguel Ángel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y autor del blog Gominolas de petróleo, fue el encargado de volver a mover la fotografía en la red social para explicar que este invento, desarrollado por el español Javier Yzuel, permite que restaurantes, cafeterías o comedores colectivos puedan ofrecer huevos fritos de forma rápida, ya que en un horno multinivel pueden descongelarse 200 huevos en 6 minutos, y también de forma segura, es decir, que evita posibles intoxicaciones alimentarias relacionadas con el huevo, como la que provoca la salmonela.

Por tanto, primer argumento para calmar los ánimos: no fue inventado para sacar a la venta en supermercados, es decir, que no es para que lo compremos para acompañar al arroz con tomate.

En este punto hay que recordar que los bares y comedores deben cumplir con la normativa actual, Real Decreto 1254/1991, sobre la preparación y conservación de alimentos en los que figure el huevo como ingrediente, para evitar toxiinfecciones alimentarias. La ley dice que es obligatorio sustituir el huevo por ovoproductos pasteurizados, como la huevina, excepto cuando estos alimentos sigan un posterior tratamiento térmico no inferior a 75°C en el centro de los mismos. Pero, ¿esto es mucho o poco?, ¿es una temperatura que se alcanza en un cocinado nomal? Según el Instituto de Estudios del Huevo, sí. “La salmonela no resiste temperaturas habituales de cocinado por encima de los 70º”, según señalan en su web.

Dicho todo esto, aunque no está prohibido el uso de huevos frescos en cafeterías y comedores escolares, los restaurantes deben cumplir con un manejo cuidadoso de los huevos. Por tanto, estos huevos fritos congelados, que ya han sido fritos y pasteurizados, que solo necesitan ser calentados, que como dijimos no nacen con la idea de que se cocinen en casa, sirven para evitar un quebradero de cabeza a los hosteleros en cuanto a intoxicaciones alimentarias, también para una mayor comodidad y más eficiencia entre aquellos que reciban un volumen elevado de comensales.

“En mi opinión, para hospitales, colegios o restauración colectiva masiva sí puede ser interesante como ahorro de tiempo. Incluso para garantizar la seguridad y curarse en salud con un producto complicado como el huevo (estos huevos congelados se pasteurizan antes de congelarlos)”, apunta en su web Marián García, más conocida como ‘Boticaria García’, doctora en Farmacia y graduada en Nutrición Humana y Dietética.

Pongamos un caso concreto: el invento le gustó tanto a la cadena de comida rápida Burguer King en 2016 que llegó a un acuerdo con su creador para introducir el huevo frito congelado en sus hamburguesas.

Pero sobre la parte nutricional, ¿guarda el huevo congelado todos los beneficios del alimento fresco? Según apunta Marián García “si se recalienta bien, no sería muy distinto”. Por su parte Miguel Ángel Lurueña señala en su perfil de Twitter que, como en el caso de la leche pasteurizada (o leche fresca), no hay un impacto negativo sobre el valor nutricional y la calidad del huevo por el hecho de someterse al proceso de pasteurización.

No obstante sí que hay un pero: la yema del huevo congelado no sabe igual de rico que uno frito en casa. “Al calentar el huevo posteriormente, la yema no queda líquida sino cremosa o mantequillosa. En definitiva, no puedes mojar, que es lo que mola”, matiza en su blog Boticaria García.

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