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Nutrición

El ‘misterioso’ estado en el que puedes encontrar tu aceite de oliva por el frío: esto es lo que le ocurre

El frío hace que parte de los ácidos grasos del aceite de oliva se solidifiquen formando grumos en el fondo del recipiente.

Observar la ciudad de Madrid cubierta por un manto de nieve es un espectáculo que no se puede ver todos los años. Sin embargo, esta semana lo podremos contemplar durante varios días —también en muchas otras regiones de España donde no es frecuente— debido al paso de la borrasca Filomena. De todas formas, durante estos días es posible que la nieve no sea el único fenómeno poco frecuente que nos encontremos, aunque estén relacionados.

Este frío especial puede afectar al aspecto que tienen algunos alimentos. Miguel Ángel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, ha explicado en su perfil de Twitter que el aceite de oliva es uno de estos productos que puede tener un aspecto raro durante estos días. Concretamente, es posible que veamos en el fondo de las botellas de este líquido una parte solidificada.

Esta reacción no tiene nada de peligrosa y al aumentar la temperatura del aceite, el líquido volverá a su estado original. A pesar de que el tuit se ha compartido más de 450 veces y ha recibido más de 1.500 me gusta en Twitter, no ha sorprendido a muchas de las personas que viven en las regiones más frías de nuestro país. Para ellos, se trata de un fenómeno muy frecuente en invierno, aunque en lugares como la ciudad de Madrid puede ser sorprendente.

 

Los ácidos del aceite

Tal y como explica el experto, si encontramos una de estas botellas en el supermercado o en nuestra casa con el fondo repleto de pequeños grumos amarillos, podemos hacer uso de ella igualmente. La parte solidificada está formada por algunos de los ácidos grasos del aceite de oliva que cambian de estado a una temperatura diferente al resto. Según Lurueña, el ácido palmítico es uno de estos componentes que solidifica antes en la composición del aceite de oliva.

Algunos usuarios de la red social se han sorprendido de que el saludable aceite de oliva contenga un componente que recuerde tanto al aceite de palma. En efecto, este aceite con mala fama tiene como componente principal este ácido y, por esa razón, ha recibido ese nombre. Sin embargo, esto no significa que sea malo o exclusivo. El experto ha explicado que es muy habitual encontrar esta sustancia en otros alimentos grasos como, por ejemplo, la leche.

De hecho, el palmítico es sólo uno de los muchos ácidos grasos que componen el aceite de oliva. En su composición también pueden encontrarse otros ácidos como el linoléico, el esteárico, el palmitoleico y el linolénico. Sin embargo, el que forma la inmensa mayoría de su composición es el oleico, un ácido graso monoinsaturado. Según la Fundación Española de Nutrición (FEN), más del 70% de la composición del aceite de oliva está formada por los ácidos grasos de este tipo.

Reducir los saturados

Aunque el aceite de oliva es considerado como la fuente por excelencia de ácidos grasos monoinsaturados, estas sustancias también pueden encontrarse en otros alimentos como el aguacate o los frutos secos. Su importancia en la alimentación reside en que se trata de un tipo de grasa cardiosaludable. Es decir, que tiene propiedades protectoras frente a la enfermedad cardiovascular.

Según la Fundación Española del Corazón (FEC), el consumo habitual de ácidos grasos de este tipo —y, sobre todo, en sustitución de los saturados— reduce los niveles en sangre de colesterol malo, conocido científicamente como lipoproteína de baja densidad (LDL, por sus siglas en inglés). El equilibrio de los niveles de colesterol en sangre es importante porque la hipercolesterolemia es uno de los principales factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular.

Los ácidos grasos saturados, por el contrario, tienen la capacidad de aumentar el colesterol en nuestra sangre. Según la FEC, este tipo de grasas se encuentran en mayor medida en las carnes de origen animal y en las mantecas y mantequillas. Por esta razón, es importante reducir su consumo y, como alternativa, puede aumentarse el de pescado, que es rico en ácidos grasos poliinsaturados. Entre ellos destaca el omega-3, un tipo de grasa con la capacidad de reducir la presión arterial.

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