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Salud

Bulos sobre cómo usar las mascarillas

Mascarillas. En poco tiempo han pasado de ser algo solo de médicos y enfermeros a un complemento esencial de nuestra indumentaria diaria. Su carácter obligatorio ha causado una infinidad de bulos sobre su correcta utilización como que colocarse dos mascarillas a la vez, una encima de la otra, aumenta su eficacia.

Al respecto, el médico Lorenzo Armenteros, portavoz de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), expone que, si la capacidad filtrante de una mascarilla es del 80%, el porcentaje no varía con una segunda. “Las quirúrgicas protegen de dentro hacia fuera y, por tanto, a las personas que se encuentran a nuestro alrededor. Si nos ponemos dos va a ocurrir lo mismo, no van a proteger de fuera hacia dentro”, explica.

Otra idea que se ha extendido entre la población es usar dos mascarillas a la vez, pero en sentido contrario una de la otra. Al respecto, Armenteros destaca que esto tampoco es cierto. Insiste en que la quirúrgica solo nos salvaguarda de dentro a fuera, es decir, evita que los microorganismos que contienen las gotas de saliva que expulsamos al hablar lleguen a la gente de nuestro entorno.

Hay, sin embargo, una excepción: colocar una mascarilla quirúrgica sobre una FFP2. El especialista aclara que “esto no significa que aumente la protección, simplemente impide que ciertas sustancias exteriores puedan depositarse sobre la superficie de la FFP2”. De esta manera, prosigue, “alargamos el tiempo medio de utilidad de este tipo de mascarilla un poco más, que se mantienen más horas del día que una quirúrgica”.

Está claro que el uso de dos mascarillas al mismo tiempo no disminuirá la probabilidad de contagio, pero ¿puede resultar esta práctica, incluso, contraproducente? “Es más incómodo de llevar porque las dobles superficies no permiten que se puedan ajustar bien a nuestra nariz”, responde Armenteros, quien, por el contrario, niega que se pueda ocasionar algún perjuicio, pues el daño que produzca sobre nuestra piel una mascarilla no va a aumentar por el hecho de colocarnos más.

Asimismo, el médico recomienda utilizar bien una mascarilla quirúrgica, que puede durar un máximo de cuatro horas; o bien una FFP2, que perdura entre ocho y diez.

Dar la vuelta a la mascarilla, ¿sí o no?

Hay personas que, con el objetivo de aprovechar la mascarilla, creen que, tras usar una de las caras de esta, es posible utilizar también la otra. “Perdería todo su efecto”, asegura Armenteros. El experto indica que hay que tener en cuenta que las mascarillas están diseñadas por diferentes capas, siendo la externa impermeable. La capa interna, por su parte, sirve para absorber un poco el grado de humedad de nuestra respiración y desempeña un papel de filtro.

En este sentido, señala que, al poner la mascarilla al revés, “corremos el riesgo de que esa capa impermeable incremente la humedad y no cumpla con la función de filtro”.

Otro efecto negativo de invertir la mascarilla radica en la dirección de las gomas que sujetan, pensadas para que la parte blanca de este complemento sea siempre la interior y la coloreada, la exterior. “Esto hace que, al colocarnos mal la mascarilla, esta quede torcida y que no ajuste bien a nuestra piel”, detalla el médico, quien pide seguir siempre las indicaciones del fabricante.

Salvaslip en la mascarilla

Desde luego, hay mitos para todo. Uno de los más extraños y difundidos es pegar un salvaslip dentro de la mascarilla con el fin de aumentar su eficacia. Armenteros declara que se trata de un bulo peligroso: “El salvaslip tiene determinadas sustancias que están orientadas y preparadas para evitar el olor y que presenta, además, una capacidad de absorción que varía. Estos compuestos pueden ser negativos para nuestra salud al estar en contacto con nuestra piel, boca y labios”.

Por último, el especialista añade que pegar un salvaslip a nuestra mascarilla tampoco incrementaría la protección porque no está hecho para contener bacterias.

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