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Salud

El mar y la playa, aliados del ejercicio

El mar y la playa, aliados del ejercicio

Tumbado en la playa, mirando el horizonte y disfrutando de mis merecidas vacaciones, lejos de la rutina laboral, me da por pensar en aprovechar el tiempo estival para ponerme un poquito en forma. Me imagino que estar al aire libre, ocioso, tiene mucho que ver con esta motivación, e intuyo observando a mi alrededor que no debo ser el único que ha decidido mejorar su estado físico. Como fisioterapeuta, además, me doy cuenta de que este objetivo que no debería ser muy ambicioso debe (y puede) ajustarse a cualquier edad y condición física.

Me da por pensar que el simple hecho de estar en la playa y respirar el aire marino nos aporta beneficios que el aire urbano nos niega. El clima marino favorece entre otras cosas un aumento de la amplitud respiratoria (por la mayor abundancia de O2 y por la presencia de iones negativos en suspensión), la mayor presión atmosférica además aumenta nuestra tasa de hemoglobina, y en definitiva estamos en un clima que nos ayuda a tonificarnos, estimula nuestro sistema endocrino, produciéndose un efecto vigorizador general. Con toda esta ayuda, a muchos veraneantes nos da por meternos en el mar para refrescarnos, quizá ejercitarnos un poco nadando o dándole a las palas en la orilla de la playa.

Cómo aprovechar las ventajas de la flotabilidad

Pero el agua del mar con sus olas se puede aprovechar quizá más allá de lo que la gente sabe. Deberíamos recordar que nuestro peso corporal va disminuyendo a medida que nos vamos sumergiendo. Una persona que fuera del agua no puede saltar (por ejemplo por problemas articulares), dentro del agua salada encontrará un nivel de flotabilidad que le permitirá ejercitarse en un entorno seguro. Dentro del agua del mar, al igual que en las piscinas, existe una gran variedad de ejercicios para tonificar muchos de nuestros músculos sin más pretensión que mejorar nuestra salud aprovechando las vacaciones.

Las colchonetas e hinchables nos sirven para hacer flotar nuestro tronco mientras las piernas se extienden o flexionan juntas o por separado. Podemos hacerlo boca arriba o boca abajo. Recuerdo eso que nos dicen los entrenadores de ir cambiando la forma del ejercicio para llegar a todas las partes de nuestros músculos. Hacer la tijera con las piernas abriendo y cerrándolas, o apoyado en la colchoneta acercar ambas rodillas al pecho y volver a bajarlas. Existen muchas formas de dedicarle un ratito a los miembros inferiores y, si queremos mayor intensidad, podemos añadirle unas aletas.

Para la parte superior del cuerpo se pueden utilizar unos guantes -o incluso unas pequeñas palas de ping-pong- que, sumergidos en el agua, se convierten en pesas. Tanto con las piernas como con los brazos debemos recordar que, a mayor velocidad, más exigente es el ejercicio. Es mejor (en mi opinión) insistir más en las repeticiones que en la velocidad. No olvidemos que estamos de vacaciones, a no ser que realmente nuestro objetivo sea cambiar el gimnasio habitual por la playa. Eso ya debe ser una opción personal.

Jugar a no caerse con las olas

Estando de pie con el agua al cuello cualquier movimiento repetitivo de los brazos hacia los lados, delante, detrás, estirando o doblando codos, encontrará la resistencia del agua y nos ayudará a conseguir tonificar nuestros músculos.

Nuestro cuerpo tiene una serie de mecanismos que nos ayudan a no lesionarnos cuando nos movemos. Existen músculos que de forma inconsciente protegen nuestras articulaciones y ejercitarlos también es posible dentro del mar. Las olas (no muy agresivas) nos desestabilizan al chocar con la resistencia que les ofrece nuestro cuerpo.

Jugar a no caerse (como hacen los chiquillos en el metro soltando las manos de los agarres durante las curvas del mismo) es una forma de mejorar nuestros músculos estabilizadores de tronco y piernas ayudando a estos “músculos posturales”. Podemos hacerlo a diferentes alturas de inmersión en el agua, intentar aguantar sobre una pierna o apoyando las dos, recibiendo las olas de frente, de lado o de espaldas, jugar con las olas mejorará además nuestras reacciones de equilibrio, tan importante por ejemplo en nuestros mayores para evitar las caídas fuera del agua.

Si a todo esto le añades el efecto que tiene la presión que ejerce el agua en nuestro cuerpo para que eliminemos líquidos y mejoremos por lo tanto la función de eliminar toxinas, estar en la playa, en el mar, nos ofrece una gran oportunidad de luchar contra el sedentarismo y el estrés de todo un año de trabajo.

Ojo con los síncopes y la falta de hidratación

No puedo despedirme de mis pensamientos sin recordar la importancia de la prevención de los cortes de digestión o síncopes que producen los grandes cambios de temperatura cuando nos metemos en el agua, por lo que es importante ir refrescándose poco a poco al meternos en el agua. También conviene resaltar importancia que tiene mantenerse hidratado, sobre todo las personas mayores que van perdiendo la sensación de sed, aunque necesiten los líquidos. Y entender que alejarse de la orilla sin ayudas o sin acompañantes es una forma de asumir riesgos cuyos desenlaces fatales vemos en las noticias todos los veranos.

En definitiva, estar en la playa nos ofrece una variedad de actividades que pueden adaptarse a cualquier edad y objetivo de mejora física propuesto. Y que, lejos de obsesionarse con la condición física, hay que dejar también un momento para descansar, porque no hay que olvidar que estamos de vacaciones.

¡Feliz verano!

 

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