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Salud

Hafefobia: el temor a ser tocado que ha destapado la pandemia

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Ana Callejo MoraCuídate Plus

“La hafefobia (también llamada afefobia, hafofobia, hapnofobia, haptephobia, haptofobia, thixofobia y quiraptofobia) es el temor acusado, persistente e irracional a ser tocado físicamente (o a la posibilidad de ello) por otras personas. Muchas personas pueden sufrir una fuerte, intensa e inmediata reacción de ansiedad simplemente por saber que mañana tienen que ir al médico o que la semana que viene tienen que salir a la calle y van a estar rodeados de personas. El paciente sabe que esa respuesta es desproporcionada y dramática, pero no puede remediarlo y lo que hacen es evitarla”, afirma a CuídatePlus Cristina Mae Wood, doctora europea en Psicología, especialista en Ansiedad y Estrés y miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.
¿Esa fobia al contacto físico de los pacientes implica a los desconocidos o también a los familiares y amigos más cercanos? “Si se ha confirmado el diagnóstico por especialistas, podrían darse las dos opciones, que afecte solo con desconocidos o también con personas significativas para el paciente con hafefobia”, responde Emilia González Sánchez, psicóloga clínica en la Clínica Nuestra Señora de La Paz (Madrid), de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.
Ahora, con la pandemia de coronavirus, “el paciente incluso puede tener miedo de que su propio hijo le toque por miedo a contagiar después a sus propios padres”. Mae Wood, quien dice que la hafefobia era infrecuente antes de la pandemia de Covid-19, comenta que “durante este año tiene bastantes pacientes con unas fuertes reacciones de ansiedad a nivel cognitivo, fisiológico y motor. No se atreven a salir a la calle, salvo que sea estrictamente necesario. Lo están pasando realmente mal ante la idea, por ejemplo, de volver al lugar de trabajo”.
Sobre si la pandemia ha aumentado los casos de hafefobia, González Sánchez comenta que “no existen datos recogidos al respecto. Lo que sí sabemos es que se han incrementado las demandas al especialista por ansiedad por cuestiones relacionadas con la pandemia, en concreto por ansiedad o miedo al contagio, al contacto social, a la propia incertidumbre, etcétera. Así lo recoge una encuesta realizada durante los meses de agosto a octubre de 2020 por la Asociación Americana de Psicología (APA, según sus siglas inglesas) en la que han participado 1.787 psicólogos. Hablan de en torno a un 70% más de trastornos de ansiedad en general (Covid-19 Telehealth Practitioner Survey)”.

Factores precipitantes en la pandemia

Según Mae Wood, “la hafefobia puede aparecer en la más tierna infancia sin saber por qué o se puede aprender por observación o si ha habido algún trauma en la familia, por ejemplo, si una madre cuenta a su hijo que ha sufrido una violación y que no soporta que un extraño le roce”.
En palabras de González Sánchez, “es importante decir que el miedo, como emoción, es adaptativo; nos protege de una situación peligrosa o amenazante. Cuando el miedo tiene la dimensión de fobia suele adquirirse por un aprendizaje llamado asociativo que implica la ocurrencia de algún evento traumático o impactante, de manera que se generaliza a otras situaciones”.
En el caso de la pandemia, concreta la psicóloga clínica, “el propio miedo al contagio y la insistencia en la distancia social podrían ser factores precipitantes. Existirían algunos factores de riesgo para el desarrollo de las fobias específicas como antecedentes familiares, padecer otras fobias y otros problemas de salud mental”.

Pensamientos negativos, taquicardias, evitación…

Los síntomas que presentan los pacientes con hafefobia, según González Sánchez, “los enmarcamos en el triple sistema de respuesta de la ansiedad. A nivel cognitivo, se experimentan pensamientos negativos y catastróficos en torno al estímulo fóbico. Estos pensamientos se pueden relacionar con la posibilidad de contagiarse de Covid-19 o contagiar a los demás, pensamientos de muerte u otros asociados a consecuencias que se perciben como catastróficas”.
A nivel fisiológico, se pueden experimentar taquicardias, sensación de ahogo, sudoración, sensación de tener una “bola en el estómago”, tensión muscular, entre otros.
Finalmente, a nivel conductual, se encuentran las conductas que la persona pone en marcha para manejar la situación y su propia ansiedad, como evitar relacionarse con los demás para así asegurar que no va a haber contacto con los otros. También en este nivel se hallan conductas de huida o escape ante situaciones en las que sea próximo el contacto con otros. 
“Los pacientes con hafefobia no tienen por qué sufrir otras fobias u otros trastornos mentales, pero tener una fobia diagnosticada aumenta la probabilidad de tener otra”, afirma la psicóloga clínica.
“Si la hafefobia está asociada al miedo a contraer una enfermedad a través de otras personas, como el coronavirus, sí que suele correlacionarse con el trastorno de ansiedad por enfermedad (lo que antes se conocía como hipocondría o hipocondriasis)”, especifica Mae Wood.

Cómo se trata la hafefobia

“Los tratamientos psicológicos que han mostrado mayor evidencia de eficacia son la terapia de exposición y también la terapia cognitiva y de defusión para trabajar determinados pensamientos irracionales que suelen estar presentes. Ayudan mucho las técnicas de relajación, como la relajación muscular de Jacobson”, indica González Sánchez.
“Existe evidencia científica a favor del tratamiento cognitivo conductual en pacientes con fobias específicas. Este tratamiento enseña al paciente a modificar el procesamiento de la información, a focalizar su atención en otros estímulos que no sean la amenaza para favorecer el afrontamiento mientras le ayuda a distraerse. El ejercicio físico también ayuda a relajarse y a que los pensamientos no sean tan negativos”, señala Mae Wood.
La experta del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid relata que “el paciente tiene que ir dando pequeños pasos una vez que entiende cómo funciona la ansiedad, lo que se conoce como aproximaciones sucesivas, para ganar en seguridad, y, poco a poco, atreverse a acercarse a los demás. Es muy importante que se ponga un objetivo y que acepte que va a tener ansiedad las primeras veces, pero que la ansiedad no es peligrosa, igual que tampoco lo es la tristeza. Darse cuenta de cómo está magnificando la amenaza y comprender que si dirige la atención hacia otra cosa, la ansiedad disminuirá porque la atención es la gasolina de la ansiedad”.
Asimismo, las expertas consultadas por CuídatePlus recuerdan la importancia del apoyo emocional por parte del entorno familiar y social del paciente.
“Uno de los mecanismos de mantenimiento de las fobias específicas, en general, es la evitación del estímulo fóbico. En este caso el estímulo fóbico sería el contacto con las personas. Por tanto, la recomendación sería aceptar el contacto con los otros y no abandonar sobre todo el contacto con las personas significativas, pero siempre teniendo en cuenta la situación pandémica en la que nos encontramos por la Covid-19, las medidas de prevención y que hay un riesgo real. Dicho esto, es deseable llevar estas medidas de la manera más flexible posible permitiéndonos el contacto cuando sea seguro y dándonos la oportunidad de comprobar que no pasa nada”, explica González Sánchez.
Finalmente, prosigue la psicóloga clínica, “es necesario decir que en esta situación pandémica que vivimos, las personas estamos afrontando en la mayor parte de los casos de manera normal, con ansiedad, miedo, preocupación, una situación anormal y, por tanto, conviene no patologizar la normalidad”.
Tal y como concluye Mae Wood, “esta situación está siendo muy difícil para todos porque nos prohíben relacionarnos fuera de nuestro núcleo familiar, salir como antes y hay un toque de queda. Sería conveniente que las personas que son muy sensibles a estos cambios se permitan experimentar y expresar lo que sienten con normalidad y si están sufriendo de forma intensa o prolongada que pidan ayuda a un profesional. De la misma manera que podemos aprender a desarrollar un miedo, lo podemos desaprender. Esa es la buena noticia”.
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