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Salud

Mascarillas de tela, quirúrgicas o FFP2, ¿Cuál debo usar?

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Isabel Gallardo Ponce.Cuídate Plus

No hace tanto tiempo, a una pandemia de distancia, nos hacía gracia ver a los turistas orientales con mascarillas. Ni siquiera los más visionarios se planteaban que las mascarillas iban a formar parte de nuestra indumentaria y, mucho menos, que iban a ser obligatorias.

Pero llegó el coronavirus. Y con él comenzamos a conocer que había mascarillas diferentes a las que usaban los cirujanos en el quirófano. A partir de ahí incorporamos a nuestro vocabulario las mascarillas quirúrgicas, las higiénicas, las impronunciables FFP2 y FFP3, y hasta hubo quien se las fabricó en casa.

Sin embargo, según avanza la ciencia, las olas, el conocimiento de los aerosoles y las cepas, algunos países, como Francia y Alemania, han pasado a desaconsejar e incluso a prohibir en determinados ámbitos, como el colegio, el uso de las mascarillas caseras. Esto nos deja, en cierto modo, un poco perplejos, ¿qué mascarillas debemos usar para estar protegidos? ¿Para ir en metro o en autobús debo usar una FFP2, una mascarilla quirúrgica o una de tela? Dos expertos consultados por CuídatePlus responden a estas dudas.

¿Qué protección ofrecen las mascarillas?

El coronavirus no viaja solo, sino que lo hace junto a partículas presentes en las mucosas del sistema respiratorio que se expulsan al hablar, al cantar, al estornudar y al toser. Estas partículas pueden ser gotas de mayor tamaño (mayores de 5 micras) o menores de 5 micras, que son lo que se denominan aerosoles. Las mascarillas impiden el paso de microorganismos mayores de 0,3 micras, por lo que esta capacidad de filtración es la que confiere protección.

Las mascarillas tiene dos objetivos:

  • Proteger de emisiones de aerosoles a otras personas.

  • Proteger al que la utiliza.

Mascarillas de tela: ¿Deben prohibirse?

Las mascarillas higiénicas son las que recomienda utilizar el Ministerio de Sanidad a la población sana, siempre acompañada de las medidas de distanciamiento social, la ventilación y el lavado de manos durante la pandemia de coronavirus. Según Sanidad, este tipo de protectores “cubren la boca, la nariz y la barbilla y están provistas de un arnés que rodea la cabeza o se sujeta en las orejas. Suelen estar compuestas por una o varias capas de material textil y pueden ser reutilizables o de un solo uso”.

Las mascarillas higiénicas no son un producto sanitario pero deben especificar obligatoriamente en su envase qué normas y especificaciones técnicas se han utilizado y datos sobre su producción, así como la de los filtros, y haber sido testados en laboratorios acreditados. Este endurecimiento, realizado en la última normativa, implica también que en los productos reutilizables deberán figurar los datos obtenidos antes y después de los ciclos de lavado indicados por el fabricante.

Según Lorenzo Armenteros, portavoz Covid-19 de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, “las mascarillas higiénicas o de tela si cumplen los requisitos de su homologación son protectoras”. No obstante, esta protección es limitada y por eso Armenteros recomienda utilizarlas en ambientes exteriores, en zonas con una pequeña densidad de personas, y allí donde haya una buena ventilación, y donde las condiciones de la diseminación de los aerosoles sea menor. “No debemos decir que tengan que ser prohibidas porque cumplen los requisitos de homologación para los que se han creado”. No obstante, la protección no es para el usuario sino para los demás, ya que protegen de la expulsión de gotas.

Ahora que ya se ha reconocido la diseminación por micro aerosoles, “estos podrían ser más pequeños que lo que podría ser filtrado por una mascarilla de tela. No darían ese nivel de protección hacia la persona que la utiliza”, añade Armenteros.

Pero eso sí, para que la protección a terceros sea real hay que cumplir a rajatabla las indicaciones del fabricante para su conservación, tanto en cuanto al lavado de la mascarilla, atendiendo a la temperatura recomendada y al cuidado de los filtros, como al número máximo de usos o lavados.

Mascarillas quirúrgicas

Las mascarillas quirúrgicas han sido hasta la fecha las habituales en centros sanitarios. Permiten filtrar el aire exhalado y confieren protección a terceros al evitar la dispersión de virus que puede producirse al estornudar, toser o hablar. Según Sanidad, su objetivo “es evitar que el personal sanitario o los pacientes infectados (o sospechosos de serlo) transmitan agentes infecciosos”.

Alejandro Conde, vocal MIR de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempsph), añade que este tipo de mascarillas también confiere cierta protección al que la usa. “Siempre es más eficaz una protección de dentro hacia fuera que al revés”. De hecho, la Sempsph considera que el efecto protector dual de estas mascarillas hace necesario que toda la población las utilice, tanto en el caso de que la persona que las usa no esté contagiado, lo esté o sea asintomático. “La mascarilla quirúrgica ofrece suficiente protección frente a contactos esporádicos con personas infectadas, más si tenemos en cuenta que si la persona infectada también lleva mascarilla se expulsará poca cantidad de virus”.

Las quirúrgicas también deben cuidarse y no sobrepasar el tiempo máximo de uso. Hay que huir de usarlas deshilachadas. Pero además, apunta Armenteros, deben ajustarse en la medida de lo posible a la anatomía de la cara. Por eso se deben buscar aquéllas que tengan las gomas más adecuadas y que resulten cómodas. “Existe la costumbre de doblar la goma de la mascarilla quirúrgica, para que quede más ajustada a la oreja, con lo que se produce una especie de triángulo abierto muy cerca de la boca. Utilizando así la mascarilla perdemos gran cantidad de protección”.

Como además no todos los rostros son iguales hay que encontrar la mascarilla más adecuada al tamaño de la cara, y si es necesario que los adultos utilicen tallas más pequeñas, aunque sean infantiles, no hay problema en ello siempre que estén homologadas y se utilicen bien.

Mascarillas elastoméricas

Desde que José Luis Jiménez, catedrático de Química y Ciencias Ambientales en la Universidad de Colorado, Estados Unidos, y uno de los expertos que firmó la carta en la que 239 científicos pedían a la Organización Mundial de la Salud que considerara la transmisión del SARS-CoV2 por aerosoles, publicará en Twitter hace ya unos días sus impresiones sobre las mascarillas elastoméricas, no se ha parado de hablar de ellas. En su tuit, Jiménez alaba su sellado y cree que su uso acabará imponiéndose, además de añadir que están intentando convencer al presidente Joe Biden de que Estados Unidos las fabrique masivamente.

Dice Armenteros que aunque aún no están contempladas en España como material sanitario, “el diseño de las mascarillas elastoméricas nos da un margen de seguridad muy alto de que su esqueleto con borde de silicona se ajustaría perfectamente sobre la piel. Tienen una capacidad de lavados muy alta y de desinfección de su parte externa y sus filtros intercambiables N95 le confieren una capacidad de filtración igual a las FFP2 y FPP3”, explica Armenteros. Eso permite decir que serían unas mascarillas perfectas para alcanzar un máximo de seguridad y en situaciones de alto riesgo serían una protección añadida no sólo para los profesionales sanitarios sino también para la población general.

Uno de sus problemas podría ser el alto precio de las mascarillas elastoméricas. Pero puesto que produce un hermetismo absoluto sobre la zona de la nariz y la boca, que puede usarse durante largo tiempo y que su filtros son intercambiables y de calidad, “puede resultar rentable”, añade Armenteros.

Mascarillas EPI: FFP2 y FFP3

Las mascarillas FFP1, FFP2 y FFP3 son consideradas Equipos de Protección Individual (EPI) y desde Sanidad se aconseja fundamentalmente su uso a profesionales sanitarios. Su objetivo es “filtrar el aire inhalado evitando la entrada de partículas contaminantes en el organismo”.

Conde explica que hasta el momento “la Covid-19 no está considerada como una enfermedad de alta transmisión por aerosoles, se considera que es capaz de transmitirse por aerosoles pero no al nivel del sarampión o de la tuberculosisEn el ambiente sanitario se recomienda la FPP2 pero sobre todo por prevención”, puesto que aún es un virus del que aún hay mucho por descubrir.

La (Sempsph) Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene aconseja utilizar mascarillas FFP2 sólo en situaciones de alto riesgo, es decir, en espacios cerrados con poca ventilación en los que no es posible mantener la distancia social y se tiene que permanecer durante un tiempo prolongado. En esta misma línea Armenteros recomienda utilizarlas en lugares donde haya mala ventilación, una gran aglomeración de gente y la posibilidad de una diseminación muy alta de micro aerosoles, como el transporte público. “Cuanto más nivel de protección nos pongamos sobre nuestras vías respiratorias más seguros vamos a estar”, añade Armenteros.

Conde añade que “la mejor mascarilla es la distancia social, que funciona al 100%”. No obstante, si personas con enfermedad grave, inmunodeprimidos, en tratamiento con quimioterapia quieren limitar los riesgos de infección del coronavirus “podrían utilizarla. No hay ninguna contraindicación, aunque sí es verdad que no está claro que beneficio sea el suficiente como para realizar una recomendación oficial respecto al uso de una quirúrgica frente a una FFP2. El beneficio está en otras medidas en las que aún tenemos mucho margen de mejora”.

El nivel de filtración de la FFP2 es del 92% llegando a alcanzar el 95% y el de las FPP3 del 98%. Ninguna de ellas protege al 100% y no podemos olvidar el resto de medidas para evitar el contagio:

  • La distancia social.

  • La ventilación. “Es algo fundamental en los espacios cerrados, debemos ventilarlos lo más posible. A mayor nivel de ventilación menor posibilidad de contagio. Y a mayor concentración de anhídrido carbónico y de menor recirculación del aire, una mayor posibilidad de contagio”, añade Armenteros.

  • Lavado de manos.

FFP2 y mascarilla quirúrgica

Cada vez es más común que cuando una persona acude a un centro sanitario utilizando una mascarilla higiénica se le invite a utilizar una quirúrgica. Esta medida tiene un único fin preventivo: asegurar que las personas que entre en un espacio médico no contagien el virus, ya que no se puede garantizar a simple vista que las mascarillas que portan sean homologadas o se hayan cumplido las normas de conservación. “En ambientes sanitarios las únicas recomendadas para la protección desde dentro hacia fuera son las quirúrgicas”, añade Conde.

Lo más importante: cómo se usa la mascarilla FFP2

La mascarilla importa, por supuesto, pero usarla bien mucho más. Conde explica que si se quiere usar un FFP2 porque hay un riesgo especial, o en los países en los que se aconseja su uso, es imprescindible utilizarla bien. “La principal diferencia de la FFP2 con las quirúrgicas es que este EPI está diseñado para sellarse contra la piel”.

Por eso, para utilizar bien una FFP2 es importante:

  • No tener vello facial, que impide ese correcto sellado de la mascarilla con la piel.

  • Comprobar las fugas. Para ello hay que apretar bien la mascarilla y soplar para comprobar que el aire no sale por los laterales, donde está pegada la piel. El hecho de que se empañen las gafas en las personas que las usan se produce porque el aire sale por la parte superior y no está siendo filtrado.

  •  La mascarilla FFP2 tiene que ir pegada sobre la nariz, sobre la zona de los malares (los pómulos) y cubriendo la barbilla.

  • Si la mascarilla es muy grande o muy pequeña es necesario buscar otro tamaño o marca que se adapte bien a la cara.

Conde recuerda que los sanitarios que utilizan este tipo de protección en situaciones de alto riesgo de transmisión del coronavirus no sólo utilizan mascarilla, sino también otras medidas, como las gafas de protección, entre otras. “La FFP2 o la FFP3 no blinda contra el coronavirus, hay otras vías de transmisión”, que obedecen al contacto indirecto, a través de los fomites, como al directo.

¿Cuántas horas duran las mascarillas?

La recomendación general del Ministerio de Sanidad para las mascarillas quirúrgicas y para las EPI es de no utilizarla más de cuatro horas. No obstante, hay algunas situaciones en las que puede alargarse o acortarse su uso. Por ejemplo:

  •  No utilizarla de forma eterna. El hecho de que el exterior esté bien conservado no implica que puede cumplir su misión.

  • La FPP2: Nunca debe sobrepasar una jornada de 8 horas. Según Armenteros, si colocamos por encima una quirúrgica, donde se depositan los materiales que circulen por el aire, esto permite en cierto modo alargar la vida útil de la FPP2.

  • Hay que atender al uso que se hace de las mascarillas y en qué entorno. “Si las usamos andando por la calle su vida útil será mayor que si hacemos un viaje en metro de dos horas”, dice Armenteros. Y lo mismo ocurre en los entornos sanitarios, donde hay que reponerla cada menos tiempo en función de la exposición. No es lo mismo hacer una consulta con un paciente que hacer una consulta telefónica.

  • Tras un viaje en avión de 4 horas lo aconsejable sería que al acabar el viaje cambiáramos la mascarilla FPP2, pese a que los aviones tienen filtros protectores de aire muy potentes.

  • Cuando se humedece por el vapor pierde su efecto protector, de igual manera que si se deteriora por otra causa o se rompe una goma.

  • Las quirúrgicas deben utilizarse como mucho 4 horas. Lo máximo recomendable sería una jornada de 8 horas.

  • Una persona que teletrabaja y que baja a la calle a darse un paseo o a hacer la compra podría utilizar la misma mascarilla varios días. “No se trata de que pasen 8 horas utilizándose a ratos, porque se puede crear un caldo de cultivo para que la mascarilla se convierta en sucia y pueda no ser saludable. Se puede alargar en el tiempo pero no debemos usarla más de 3 días una FPP2. Si fueran lo suficientemente baratas lo adecuado sería usar una al día”, explica Armenteros. Y lo mismo ocurre con la quirúrgica.

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