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Medusas: qué hacer cuando te cruzas con ellas

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Este verano es insólito en muchos sentidos. La circulación del coronavirus condiciona prácticamente todas nuestras actividades estivales y las playas no son una excepción. Nos estamos acostumbrando a arenales parceladossemáforos para controlar el aforo u horarios de apertura y cierre. Sin embargo, hay otros riesgos que ya estaban en nuestras costas y que siguen ahí, frente a los que debemos tener cautela. Las medusas son uno de ellos. Su llegada a nuestras playas es un fenómeno natural debido a corrientes y vientos que las acercan a tierra. Además, se ha incrementado la salinidad en la costa debido a las sequías estivales, lo que provoca que su hábitat aumente. No se trata de tener miedo, pero sí respeto.

Existen algunas precauciones muy sencillas y efectivas. La primera es preguntar al socorrista y residentes en la zona, y no meterse en el agua si se ha verificado la presencia de medusas. Ignacio Olaso Bengoechea, farmacéutico y portavoz de la Fundación IO, recomienda evitar las áreas donde atracan muchos barcos: “Las hélices rompen sus tentáculos y muchos picotazos vienen por tentáculos sueltos que no se ven”. Ana Mur, del Grupo de Dermatología de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), alude también al potencial de los restos de medusas: “Hay que eludir los rompeolas porque una medusa muerta puede estar activa horas después”. Ambos expertos coinciden en aconsejar el uso de neopreno y gafas, fundamentalmente para quienes bucean o pasan tiempo nadando.

Tener en cuenta la presencia de medusas a la hora de preparar el botiquín de la playa resultará muy útil para evitar que las posibles lesiones se agraven. Junto a la crema de protección solar y el after sun, podemos poner una botella de 100 ml o incluso más de suero fisiológico, una crema antihistamínica que debemos tapar en cuanto se utilice y resguardarla del sol, antihistamínicos orales, gasas, tiritas y unas pinzas.

Nunca agua dulce para limpiar la lesión

Con las pinzas podremos extraer los restos de medusa que se queden insertados en nuestra piel y con el suero fisiológico limpiar bien la zona afectada porque el agua dulce puede incrementar la inoculación del veneno. El frío local sirve para rebajar la inflamación, aunque nunca se debe pegar el hielo a la piel. Ana Mur aconseja aplicar un antiséptico para desinfectar y una crema antihistamínica, incluso un corticoide local para la inflamación. La Fundación IO es más partidaria de los antihistamínicos orales porque las cremas son más sensibles al sol y es fácil olvidarse se taparlas.

Tampoco debe darle el sol al área de la piel afectada por la picadura y lo mejor es bañarse en la orilla porque es más difícil que haya medusas. No obstante, si avistamos alguna durante el baño, conviene evitar los aspavientos y mantener la calma saliendo del agua inmediatamente y dando la voz de alarma.

Generalmente, las lesiones que producen las medusas que frecuentan nuestras costas son locales y son fácilmente tratables, según la portavoz de la SEMG: “Los síntomas más habituales son dolor, eritema, edema y, en ocasiones, hemorragias, que suelen desaparecer en unas horas”. Con acudir al socorrista o a la farmacia más cercana es suficiente en la mayoría de los casos, lo que se puede evitar si vamos provistos del citado botiquín.

Acudir al médico, si hay dudas

No obstante, tanto Mur como Ignacio Olaso subrayan que hay que y acudir al médico si surgen dudas sobre la evolución de la lesión. “Si vemos que el hinchazón es importante y que no baja o que adquiere un color feo, que tenemos opresión torácica o dificultad respiratoria, hay que ir a urgencias”, aclara Olaso.

Se han descrito shocks anafilácticos paradas cardíacas, “incluso en nadadores en el agua”, añade Anta Mur, quien apunta otros síntomas que requieren una revisión médica: náuseas, taquicardia, vómitos, tiritona y cansancio excesivo. “A veces, los síntomas son inespecíficos y después hay que ir a todo correr, mejor pasarse de prevenido que quedarse corto”.

Personas especialmente sensibles

Aunque la gravedad de la lesión depende de la superficie afectada, de la cantidad de veneno inoculada, existen individuos especialmente sensibles que deben ser más cuidadosos. Es el caso de los alérgicos o de las personas con episodios previos de picaduras de medusas. Los niños porque las reacciones alérgicas en ellos son siempre potencialmente más graves, los ancianos porque son personas más frágiles y los cardiópatas debido a una posible descompensación de su patología. El peso de la víctima también influye y los obesos, que tienen otras comorbilidades asociadas, tienen más riesgo de necrosis en la zona de la picadura.

Más de 200 especies de medusas en nuestro litoral

Más de 200 especies de medusas habitan en nuestro litoral, aunque las más populares no alcanzan la docena. Desde 1990 se ha producido un aumento de las plagas de medusas, propiciado por varios factores, según Ignacio Olaso. El cambio climático aumenta la temperatura marina y los cambios en la pluviosidad, con primaveras más cortas y veranos más largos, lo que extiende su hábitat. La sobrepesca reduce la abundancia de especies depredadoras de medusas, como tortugas marinas, atunes, tiburones planctófagos o ballenas, y el descenso general de peces permite que los organismos gelatinosos tengan más plancton para alimentarse. Por otra parte, los residuos y fertilizantes que llegan al mar favorecen la producción de plancton.

En el Mediterráneo llueve poco y la salinidad del agua es homogénea, la barrera costa/océano es muy fina y su hábitat suele agrandarse hasta el litoral, siendo frecuentes las medusas en verano. En cambio, en la costa norte de España, el aporte dulce de los ríos y la mayor pluviosidad crea una barrera costa/océano que no permite que las medusas amplíen su hábitat y su llegada a las playas es esporádica.

Las más frecuentes

La carybdea marsupialis (avispa marina) es una cubomedusa transparente azulada con campana en forma de caja de unos 3 cm de ancho y cuatro tentáculos alargados de hasta 30 cm. Vive en el Atlántico tropical, pero en los últimos años ha aparecido en el Mediterráneo español y es el celentéreo más peligroso de nuestras aguas. Provoca quemaduras, dolores musculares y articulares, inconsciencia y a veces la muerte.

Asimismo, la physalia physalis (carabela portuguesa)  tiene un veneno muy potente y puede llegar a producir la muerte. La picadura causa quemazón e intenso dolor, puede provocar vómitos, fiebre muy alta, problemas cardíacos, mareos, ansiedad y laceraciones en la piel. Está en el Atlántico y en los últimos años está penetrando en el Mediterráneo a través del Estrecho de Gibraltar, pero llegan a nuestras costas sólo algunos años. Es una colonia de organismos con un individuo grande acampanado lleno de gas transparente y violáceo del que cuelgan unos tentáculos muy largos, de hasta 20 metros, llenos de células urticantes.

De todas formas, las medusas del litoral español no son, en general, tan peligrosas como las que existen en otras zonas marinas. La pelagia noctiluca, (medusa clavel o fluorescente) es pequeña (10 cm) y habita en el Mediterráneo y en el Atlántico. Su picadura es muy dolorosa, causa quemadura con ampollas, dolor, intenso picor, eritema y edema.

La chrysaora hysoscella (aguamar o medusa de compases) es de color blanco amarillento y posee un diseño radial (con bandas marrones) sobre la campana, de hasta unos 30 cm de diámetro y tentáculos largos. Frecuente en el Mediterráneo y Atlántico. Sus picaduras provocan picor y quemazón al principio e, inmediatamente después, aparecen lesiones eritematosas y edema, produciéndose verdugones, que suelen tardar tiempo en desaparecer.

La rhizostoma pulmo (aguamala aguamar) es grande, con una campana blanca y de borde azulado de más de 60 cm, sin tentáculos y con 8 brazos. Se encuentra sobre todo en Baleares y Cataluña. Su picadura es leve. Puede producir irritaciones que desparecen espontáneamente en un tiempo corto, aunque deja un dolor persistente.

La cotylorhiza tuberculata (medusa de huevo frito) es pequeña, de unos 15 cm, con campana aplanada y elevación en el centro, marrón amarillenta. Es común en todo el Mediterráneo durante el verano y el otoño, formando enjambres de varios kilómetros. Sus tentáculos son pequeños y tienen pocas células urticantes. Su picadura es leve, da lugar a irritación en la piel y picor.

La aurealia aurita (medusa común) es azulada y translúcida, pero no transparente. Posee una campana en forma de plato y de diámetro hasta los 25 cm, con cuatro gónadas rosadas en forma de herradura. Más frecuente en el Mediterráneo pero con una picadura leve, que produce una pequeña molestia a modo de quemadura.

La velella velella (medusa velero) es un organismo colonial con flotador discoidal (5 cm), con vela apical y diferentes pólipos que cuelgan del disco. Está presente en el Atlántico y en el Mediterráneo y es más frecuente durante el invierno y la primavera. Su peligrosidad es nula pero se recomienda no tocarla.

La aequorea forskalea tiene una campana de hasta 30 cm, aplanada y transparente, con bordes de filamentos finos. Se encuentra en aguas del Atlántico y, ocasionalmente, en el Mediterráneo, aunque está aumentando en Cataluña y Baleares. No produce picaduras.

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