Portada » ¿Qué infecciones pueden provocar sordera?
Salud

¿Qué infecciones pueden provocar sordera?

Si bien tanto los términos sordera como hipoacusia se definen por igual como una disminución de la agudeza auditiva, y se refieren a una incapacidad para escuchar ciertos sonidos, la diferencia principal entre la sordera y la hipoacusia es el grado de intensidad de la pérdida auditiva. Así, las personas que padecen hipoacusia sufren una pérdida auditiva que no supera los 70 decibelios (dB), y en cambio, las personas con sordera han perdido más de 70 dB en su capacidad auditiva.

Expresado de manera más sencilla, “cuando hablamos de hipoacusia nos referiremos a una pérdida parcial de la audición, y cuando hablamos de sordera, a una pérdida total o casi total, es decir a una hipoacusia profunda o severo profunda”, afirma María José Lavilla Martín de Valmaseda, presidenta de la Comisión de Audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (Seorl-CCC).

La experta explica que en la actualidad, se suelen usar los siguientes términos: normoacusia, para referirnos a la audición normal (0-19 dB), hipoacusia leve (pérdida auditiva de 20-39 dB), hipoacusia moderada (pérdida auditiva de 40 a 69 dB), hipoacusia severa (pérdida auditiva de 70 a 89 dB) e hipoacusia profunda (pérdida auditiva de 90 a 120 dB). La hipoacusia severa profunda vendría a ser la sordera.

¿Qué causas pueden provocar hipoacusia?

Lavilla distingue que, según el momento de la aparición, la hipoacusia puede ser:

  1. Congénita, es decir ya presente desde el nacimiento. Y dentro de este tipo:
    -Heredada genéticamente, 40%.

    -Adquirida o ambiental, 60%. Como por una infección en el embarazo (citomegalovirus, rubéola, toxoplasma, herpes…), problemas en el embarazo o tratamientos en la madre que puedan tener ototoxicidad en el feto, problemas durante el parto, etcétera.

  2. Tardía, que comienza después del nacimiento y puede ser genética o ambiental, y los porcentajes se desconocen. Hoy en día se cree que las ambientales también pueden ser un conjunto de procesos externos con una cierta predisposición genética. Por ejemplo, el ruido o los medicamentos que dañan el oído (ototóxicos), dañarán más a aquellas personas genéticamente predispuestas.

    Dentro de este grupo, la pérdida de audición puede estar causada por diversos factores, pero la edad y la exposición al ruido son los más comunes.

    La pérdida de audición puede ocurrir también como resultado de:

  • Algunas enfermedades e infecciones.
  • Consumo de medicamentos.
  • Malformaciones.
  • Algunos síndromes.
  • Otitis media aguda y crónica.
  • Daños físicos en los oídos.
  • Traumatismos en la cabeza.
  • Tumores en la cabeza.
  • Factores de riesgo cardiovascular: alcohol, tabaco, colesterol, hipertensión y obesidad.
  • Causa desconocida.

En concreto, ¿qué infecciones pueden causar sordera?

Las infecciones que pueden provocar sordera son diversas y se exponen a continuación:

Prevalencia y síntomas

La hipoacusia o discapacidad auditiva representa una condición prevalente en la población, afecta alrededor de 360 millones de personas en todo el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En España, la sordera afecta a más de un millón de personas (de las que casi el 72% tienen más de 65 años) y entre uno y cinco recién nacidos de cada 1.000 nacen con algún tipo de sordera, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). En total, el 8% de la población en España posee problemas auditivos de distinto tipo y grado.

Los síntomas van a depender de la edad de los niños y adultos.

En los niños

“La principal señal de alerta es el dolor de oídos y la supuración, signos evidentes de que algo va mal”, señala la presidenta de la Comisión de Audiología de la Seorl-CCC, añadiendo que, “además, los padres pueden percibir que el niño”:

  • Tarda en hablar.
  • No habla de forma clara.
  • Se distrae mucho.
  • No sigue instrucciones. A veces se piensa equivocadamente que se trata de falta de atención o que el niño simplemente ignora a la otra persona, pero puede ser el resultado de una pérdida auditiva parcial o total.
  • A menudo dice “¿qué?”.
  • Sube demasiado el volumen de la televisión.
  • No sabe por dónde le vienen los sonidos.
  • Además, los niños con dificultades auditivas tienen más problemas de atención y rendimiento académico. La posible pérdida de audición interfiere en su aprendizaje, en el desarrollo de destrezas de comunicación, lenguaje y socialización.

En los bebés

Pero no solo debemos prestar atención a los niños a partir de cierta edad, sino que los bebés también pueden manifestar algunas señales de posibles problemas auditivos. Son estos:

  • No se sobresaltan con los ruidos fuertes.
  • Siguen durmiendo incluso cuando se les habla muy fuerte.
  • Han dejado de balbucear (después de los 9 meses de edad).
  • No voltean la cabeza hacia la fuente de un sonido después de los 6 meses de edad.
  • No dicen palabras sencillas como “mamá” o “papá” cuando tienen 1 año.
  • Voltean la cabeza cuando ven a una persona, pero no lo hacen si solo se les llama por su nombre.
  • Parecen escuchar algunos sonidos, pero no otros.

En los adultos

Según Lavilla, lo primero que suelen notar es que “oyen, pero no entienden”. Esto sucede porque en la presbiacusia no se suelen perder todos los sonidos a la vez, sino que se pierden, típicamente, los sonidos agudos. Con lo cual, el paciente oye los fonemas graves de las palabras (por ejemplo, la vocal “a”), pero no oye los fonemas agudos, como la consonante “s” y otras consonantes, que además de ser agudas necesitan muy poca intensidad para su emisión. Esta situación de no entender la conversación empeora en ambientes de ruido y cuando hablan varios interlocutores a la vez.

En el día a día se puede apreciar:

  • Que no entienden la televisión o la ponen muy alta.
  • Dificultades para hablar por teléfono.
  • No entienden cuando le hablan en voz baja y, a menudo, hacen repetir las cosas varias veces.
  • Ante la duda y la inseguridad de saber lo que han dicho los demás, no participan en la conversación.
  • No participan en reuniones familiares o de grupo. No siguen una tertulia, ni una conferencia ni el sermón en la misa, con lo cual dejan de hacer esas actividades.
  • De habitación a habitación, o a distancia, no responden. Si les hablan por la espalda tampoco.
  • Están más despistados y cometen errores, se sienten inseguros y pierden el interés.

¿Cómo se realiza el diagnóstico de la sordera?

En los recién nacidos, el diagnóstico de la sordera se hace mediante los programas de detección precoz. Se realizan una serie de pruebas antes de dar de alta en el hospital al recién nacido. Se llevan a cabo otoemisiones acústicas, potenciales auditivos de tronco cerebral y de estado estable y audiometrías por observación de la conducta.

En niños y adultos, el diagnóstico se realiza mediante audiometría tonal y verbal, y cualquier otra prueba que sea necesaria. La audiometría tonal consiste en la medida de la audición en decibelios, y la audiometría verbal, en comprobar lo que entiendo (el número de palabras que entiendo, con lo que oigo).

¿Cuáles son los tratamientos?

La otorrinolaringóloga explica que el tratamiento depende, en primera instancia, del tipo de hipoacusia. “Hay diferentes tipos. La hipoacusia de transmisión en la que los problemas son del oído medio (tímpano, cadena de huesecillos y mucosa del oído…)  y del oído externo (pabellón auricular y conducto auditivo externo), y la hipoacusia neurosensorial en la que el que está afectado el nervio auditivo. La hipoacusia neurosensorial, una vez que se produce, es irreversible, y los tratamientos van conducidos a paliarla y mejorar la comprensión del lenguaje. Para ello recurrimos a ayudas técnicas, como audífonos e implantes cocleares”.

En la hipoacusia de transmisión trataremos la causa que la produce, y si es necesario, también recurriremos a ayudas técnicas (audífonos y otros sistemas implantables para amplificarlas).

En la hipoacusia de transmisión, en general, habrá que recurrir a todos aquellos tratamientos que vayan orientados a mejorar la causa que los produce (quitar las vegetaciones en los niños, corregir el tabique nasal desviado que impide que los oídos ventilen bien, tratar la sinusitis o la alergia…), y a tratar la infección del oído o sus consecuencias, con cirugía si precisa. Es especialmente importante (más aún en niños), paliar la hipoacusia desde el principio, sea del grado que sea (desde moderada a profunda) y tanto sea temporal o pasajera, como sucede en muchas otitis serosas en los niños, o sea permanente o definitiva.

Concretamente, dice Lavilla, “para paliar la hipoacusia en las otitis serosas recurriremos a la colocación de tubos de ventilación transtimpánicos para drenar el líquido o moco del oído mientras la trompa de Eustaquio (responsable de la ventilación del oído) madura. Si el problema no se resuelve de esta manera, y en el resto de las otitis crónicas, recurriremos a sistemas de amplificación auditiva (audífonos y otros sistemas implantables)”.

Para las personas mayores, es muy importante detectar la hipoacusia precozmente y recurrir a ayudas auditivas lo más pronto posible, ya que una pérdida de audición conlleva un deterioro de la comprensión y un deterioro cognitivo. Si el paciente espera a recibir la estimulación adecuada mediante la amplificación con el audífono porque “todavía se defiende “o “para lo que hay que oír”, se irá alterando la comprensión y la funcionalidad de ese oído (incluso manteniendo la misma audición) y después, será más difícil conseguir los resultados óptimos con las ayudas. Tanto más difícil cuanto más tiempo se haya tardado en estimular y mayor sea el deterioro cognitivo.

Si tardamos en buscar ayuda, la incapacidad para comunicarse y el miedo a cometer errores les conduce a tristeza, depresión, aislamiento y soledad a las personas mayores, y a los niños y jóvenes les puede provocar retraso en el aprendizaje y pérdida de oportunidades”, concluye Lavilla.

Etiquetas
----