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Que los accidentes o picaduras no te estropeen un verano rural

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Isabel Gallardo Ponce

Las opciones para viajar en verano con los rebrotes del coronavirus se complican. Así que optar por el turismo rural en zonas con menor densidad de población, volver al pueblo familiar o pasar más tiempo allí durante las vacaciones es una opción a la orden del día.

Así que, aunque recurramos a entornos de toda la vida o a nuevos, no hay que perder de vista la salud y debemos ser cuidadosos y protegernos de un ambiente al que no estamos habituados. Así que, sin prescindir de las mascarillas, siempre realizando una correcta  higiene de manos y manteniendo la distancia de separación que recomienda el Ministerio de Sanidad para prevenir el coronavirus, hay que poner el ojo en evitar picaduras, intoxicaciones alimentarias, quemaduras solares, accidentes al realizar deporte

¿Dónde se encuentra el centro de salud más próximo?

Lo primero, según Laura Quintas, miembro del Grupo de Urgencias y Emergencias de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), es tener en cuenta que el aumento de la población en estos lugares repercute en la asistencia sanitaria. “Hay que ser consciente que el número de centros sanitarios en la zona rural es menor que en las ciudades, por ello un aspecto importante a tener en cuenta durante la planificación de las vacaciones es localizar los recursos sanitarios de las zonas donde vamos a pernoctar: centros de salud, farmacias, hospital más cercano, etc.”.

Viajar con botiquín

Una vez reconocido el terreno y localizado a donde tendríamos que acudir en caso de urgencia, conviene también contar con un botiquín básico para solucionar ciertos imprevistos que no requieren recurrir al médico. En este deberíamos incluir:

  • Esparadrapo.

  • Vendas.

  • Tijeras.

  • Antiséptico.

  • Repelente de insectos.

  • Analgésicos.

  • Mascarillas y gel hidroalcohólico.

  • Protección solar

  • La medicación habitual que tome, si la hubiere, los miembros de la familia.

No está de más, además, tener cierta formación básica en primeros auxilios, por si ocurre algún tipo de accidente en zonas alejadas o poco concurridas.

¿Qué hago si tengo una herida o me he dado un golpe?

No hace falta dedicarse al deporte extremo para sufrir algún golpe o traspiés, pero lo que sí que es necesario es valorar si aquéllo que nos ha pasado necesita ser consultado con un médico o no. En las actividades al aire libre es relativamente frecuente que aparezca alguna herida. Quintas recuerda que la mayoría son leves “arañazos, erosiones…, que requieren unos cuidados mínimos”. Estos pueden requerir únicamente la limpieza con agua y jabón y la aplicación de un antiséptico.

Pero “si la herida es complicada (no para de sangrar, está muy sucia, es grande, tiene los bordes muy separados o es debida a una mordedura de un animal o una persona) requerirá la valoración por parte del equipo de atención primaria de la zona que, entre otras cosas, decidirá si es necesaria la vacunación antitetánica”.

Por otro lado, Julio Heras, miembro del grupo de trabajo de Dermatología de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), añade que en la zona rural en la que él ejerce como médico se producen habitualmente “accidentes deportivos, que suelen ser leves”. También es habitual que haya accidentes derivados de las labores de cuidado de la tierra en personas que veranean en el pueblo y que no las realizan habitualmente y de otros problemas de poca importancia durante las limpiezas de las casas de veraneo.

Otros accidentes

Heras añade que durante el verano son también frecuentes los esguinces de tobillo o de los dedos de la mano al practicar deportes grupales. No obstante, la pandemia ha hecho que este verano no se esperen este tipo de consultas.

También son comunes los accidentes con la bicicleta, que se utiliza más en el medio rural, y que puede dar ocasión a caídas o a choques con otros ciclistas o contra vehículos. En estos casos, o realizando cualquier otra actividad, pueden ocurrir traumatismos de mayor importancia. 

De esta forma si se sospecha que se ha podido sufrir la fractura de un hueso lo conveniente es no mover a la persona accidentada y llamar al 112 para pedir asistencia. “Es recomendable siempre que se realice una actividad al aire libre en una zona poco concurrida, llevar un teléfono móvil que nos permita pedir ayuda en caso de ser necesario”, dice Quintas. También puede ser útil utilizar aplicaciones para contactar con los servicios de emergencia y que estos puedan localizarnos gracias a los GPS.

¿Y si me pica un insecto?

Además de ocio, las zonas rurales cuentan con una población de insectos mucho mayor que las ciudades, como no podría ser de otra manera, y a veces es difícil escapar sin recibir alguna que otra picadura. Lo más habitual es que se trate de himenópteros -avispas, abejas y hormigas- o de mosquitos.

Heras recomienda evitar la presencia de agua estancada en las casas y el uso de repelentes. “El más efectivo y duradero es el que contiene  N-Dietil-meta-toluamida (más conocido como Deet), y que puede usarse sin restricciones durante todo el día. Para los bebés y los niños pequeños se recomienda la citronela en pulseras o en parches”. En el interior de las casas también pueden utilizarse insecticidas eléctricos durante la noche.

En cuanto a los cuidados de las picaduras, si el aguijón sigue en la piel es necesario retirarlo, lavar la herida con agua y jabón y aplicar hielo para evitar la inflamación. “En algunos casos muy sintomáticos será necesario la administración de corticoides tópicos, antihistamínicos y analgésicos orales”, añade Quintas.

En algunos casos, aunque no suele ser frecuente, puede producirse una reacción alérgica en la persona que ha recibido la picadura. En el caso de que aparezca un shock anafiláctico es muy importante ponerse en contacto con los servicios de emergencia lo antes posible. “Estos pueden indicar la aplicación de adrenalina precargada (si la persona alérgica la lleva consigo) lo antes posible. Para su administración hay que clavar la jeringuilla o el inyector precargado enérgicamente en la parte externa del muslo de manera que forme un ángulo recto con el mismo y dejarla en esa posición 10 segundos antes de retirarla”, explica Quintas.

Otro tipo de insectos que pueden picarnos en el campo son las garrapatas. En este caso es muy importante acudir a un centro de salud para extraerlas correctamente. Y en las zonas de costa hay que estar también atento a las reacciones por picaduras de medusas.

Ojo con las intoxicaciones alimentarias

El verano no sólo trae consigo buenas temperaturas y tiempo libre, si no también la aparición de intoxicaciones alimentarias por la mala conservación de los alimentos. Así que conviene tener extremar las precauciones para evitar enfermedades como el síndrome del arroz frito, típica del arroz blanco, las gastroenteritis o las salmonelosis, entre otras.

Heras también recuerda que se pueden producir cortes de digestión, aunque no relacionados con el baño después de la comida, sino con “cambios bruscos de temperatura, tan frecuentes en verano, que pueden dar lugar también a golpes de calor”.

¿Me puedo bañar en el río?

El ministerio de Sanidad desaconseja el baño y los usos recreativos en aguas continentales, como pozas, remansos y cauces de agua dulce con escaso caudal en la temporada de 2020 a raíz de la crisis del coronavirus. Para el futuro cuando uno pueda volver a disfrutar del agua de los ríos no hay que olvidar, que al igual que en el mar, hay que estar atento a las corrientes. “Si no sabemos nadar, debemos quedarnos en la orilla. Y recomiendo no bañarse si estamos solos”, apunta Heras. Además, hay que vigilar siempre a los niños, para prevenir ahogamientos, utilizar sistemas de flotación adecuados y evitar las zambullidas en zonas poco hondas.

No olvidar el fotoprotector

Como siempre en verano es imprescindible aplicarse una crema con protector solar  y utilizar ropa de colores claros y sombreros para evitar la aparición de quemaduras y no exponerse al sol en las horas centrales del día. Quintas recuerda que en el caso de alerta por altas temperaturas “hay que tener especial cuidado con los niños y las personas mayores para evitar que sufran golpes de calor”. Para evitarlo se aconseja:

  • Beber agua y líquidos con frecuencia.

  • No abusar de las bebidas con cafeína, alcohol o grandes cantidades de azúcar.

  • Realizar comidas ligeras

  • Permanecer en lugares frescos.

  • Evitar la actividad física en las horas más calurosas (12-17 horas).

  • Usar ropa ligera.

Si pese a todas estas medidas aparece una temperatura corporal elevada, alteración del estado mental, alteración de la sudoración, náuseas, respiración acelerada u otras alteraciones debe consultarse rápidamente a un médico.

Dieta saludable y cuidado con el alcohol

Las vacaciones, el tiempo libre y el ocio hacen menos atractivo continuar con los hábitos saludables de vida, pero, aunque se cometan algunas transgresiones, hay que tratar de mantener “una alimentación saludable (consumir 5 raciones de frutas y verduras, evitar productos ultraprocesados, etc.) dentro de un patrón de dieta mediterránea, mantener una hidratación adecuada y realizar actividad física”, recuerda Quintas. En esta misma línea, hay que ser cauto con el alcohol y si se consume que sea con moderación

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