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Quemadura solar

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¿Quién no se ha quemado alguna vez al sol? De forma consciente o inconsciente, la gran parte de la población ha sufrido alguna quemadura solar a lo largo de su vida. Evitar su aparición es crucial en la prevención del cáncer de piel, ya que el riesgo de melanoma en la edad adulta se duplica si en la infancia o adolescencia se sufrieron quemaduras. Pero también es importante saber qué hacer y qué no en caso de que las suframos. Lo primero que hay que hacer es identificar cuándo nos hemos quemado la piel por el sol.

Las quemaduras solares “son una reacción aguda y visible fruto de la exposición excesiva de la piel a la radiación ultravioleta, concretamente a los rayos UVB”, informa Cristina Vega Calzada, farmacéutica y miembro del Grupo de Dermatología de la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (Sefac).

“Se produce cuando hemos sobrepasado el tiempo de exposición al sol por el cual la melanina (pigmento natural de la piel) ya no nos puede proteger”, indica Miguel Sánchez Viera, director y dermatólogo del Instituto Dermatólogico Integral. La quemadura “se puede producir bien porque no hayamos utilizado fotoprotector o bien porque no lo hayamos utilizado de la manera más adecuada (también es algo que ocurre muy frecuentemente).  También porque hayamos estado expuestos al sol más tiempo del que nuestra piel toleraría. El tiempo que tolera el sol cada persona tiene que ver con la genética. Es lo que se llama fototipo solar, que determina el tiempo que cada persona puede estar expuesta al sol sin quemarse”.

Los signos de la quemadura pueden variar en función de la gravedad. “La forma más leve de quemadura solar es el eritema solar, cuando nos ponemos rojos y esta rojez dura varias horas después de la exposición al sol. Si el tiempo de exposición aumenta esa quemadura se convertirá en una quemadura más grave, con formación de ampollas”, indica Pedro Rodríguez, de la Clínica Dermatológica Internacional.

Normalmente “la quemadura se inicia tras 4-6 horas de exposición a la luz solar, alcanza un máximo después de 12-24 horas y comienza a disminuir a partir de las 72 horas”, detalla Vega Calzada.

La intensidad de la quemadura dependerá “del tiempo y horario de exposición, del clima, de la latitud, del espesor de la capa de ozono, del grado pigmentación previa y del tipo piel” aclara la farmacéutica.

En cuanto a los signos, el primer estadio “se caracteriza por un intenso enrojecimiento cutáneo con hinchazón y sensación de calor y puede ir seguido de la aparición de vesículas y ampollas. Posteriormente, se forman costras y, finalmente, descamación y curación de las lesiones”, informa.

En caso de quemaduras leves “el eritema inflamatorio es seguido solamente por la descamación, con la subsiguiente pigmentación de la piel, pero en los casos más graves donde se asocia la irradiación intensa con congestión por calor, puede aparecer malestar general con fiebre, náuseas, vómitos, cefaleas e, incluso, colapso circulatorio”.

En todos los casos es importante saber que, aunque los síntomas desaparezcan en unos días el daño en la piel permanece. “La piel tiene memoria y cada quemadura solar provoca un daño en el ADN de la célula cutánea afectada por la quemadura. Estas células tienen el poder de reparar este daño, pero si se repiten las quemaduras en la misma zona se perdería este poder reparador y poder acabar desembocando, con el paso de los años, en un cáncer de piel”, comenta Sánchez Viera.

Cómo actuar paso a paso

Para evitar daños mayores en el piel y eliminar las molestias de las quemaduras, lo primero que hay que hacer es tratar la zona lo antes posible, incluso aunque sólo estemos rojos  y con pocas molestias. El consejo de Adriana Juanes, del Instituto Médico Láser, es “hidratar con intensidad la piel aplicando cremas emolientes y calmantes, beber abundante agua, dar baños de agua fría o aplicar frío en la zona afectada y tomar sustancias antioxidantes que ayudan a la regeneración cutánea”.

Si aplicamos agua fría directamente del grifo “hay que intentar que el chorro no incida directamente en la zona quemada, lo mejor es sumergir la zona o aplicar compresas de agua fría”, indica Vega Calzada. Esta aplicación “deberá prolongarse hasta que, al retirarla no vuelva a aparecer dolor”.

En ningún caso “hay que aplicar hielo directamente ya que puede producir una intensa vasoconstricción que podría agravar más la lesión”, advierte la farmacéutica.

Para la hidratación, según Rodríguez, lo mejor es “usar productos específicos para después del sol, con activos calmantes y reparadores que intentan ayudar a nuestro cuerpo a reparar el daño”.

Otros consejos son:

Si existen sustancias contaminantes como arena de la playa “es importante lavar la zona suavemente con agua y jabón para evitar un posible foco de infección”, informa Vega Calzada..

Si el paciente refiere dolor es aconsejable “tomar acido acetilsalicílico, ibuprofeno o paracetamol”, informa desde Sefac.

Si no hay ampollas en la piel “hay que hidratar la zona con productos que contengan aloe vera, urea, centella asiática o pomadas de hidrocortisona”, detalla la farmacéutica.

Es importante “evitar el uso de productos que contengan benzocaína o alcohol ya que pueden irritar la piel o producir alergia”.

Si hay ampollas es importante “evitar tratamientos oclusivos y no abrir nunca las ampollas, ya que puede haber riesgo de infección”.

Usar ropa holgada y cómoda que no roce la piel alterada.

En cualquier caso, habrá que acudir al médico “en caso de quemadura de primer grado muy extensas, de segundo grado profunda (área extensa de ampollas, hinchazón y dolor intenso) o tercer grado, síntomas de insolación (fiebre, escalofríos, náuseas, vómitos o sensación de desmayo), así como si tras una semana no hubiera curación o aparecieran síntomas de infección”, aconseja la farmacéutica.

También habrá que acudir “si persisten las rojeces y las molestias, y, con más premura, en personas con antecedentes personales de cáncer de piel o fototipos susceptibles”, advierte Rodríguez.

Remedios caseros ¿sí o no?

Vinagre, aloe vera, pasta de dientes, leche, barro… son muchos los remedios caseros que hablan de posibles efectos beneficios en quemaduras solares pero ¿qué hay de cierto en ello? ¿son todos recomendables? En opinión de Rodríguez, “de todos los que hay el más efectivo son las diluciones de vinagre en agua aplicadas en gasas o toallas empapadas” ya que el vinagre “es ácido acético, que tiene una función antibiótica y puede actuar evitando que una quemadura con ampollas se infecte”.

En el caso del té verde, según informa la farmacéutica de Sefac, “por su alto contenido en polifenoles hace que, aplicado en forma tópica, se reduzca el eritema, el número de células de quemadura y el daño del ADN, además de proteger a las células de Langerhans”.

Otra infusión beneficiosa es la manzanilla. “Si se tiene en casa, una excelente opción es que las compresas frías estén empapadas en esa infusión de manzanilla, ya que tiene propiedades calmantes, astringentes y antibacterianas”, apunta el experto del Instituto de Dermatología Integral.

La leche es otro de los remedios naturales que existen. En este caso, tal y como apunta la farmacéutica, “gracias a sus proteínas y al ácido láctico que contiene pueden ayudar a calmar la inflamación y favorece la renovación de las células”.

Otros remedios caseros como la pasta de dientes, el barro o la mantequilla “están totalmente desaconsejados”, alertan la farmacéutica. En el caso del dentífrico, “al secarse, se endurece y la quemadura se reseca, cuando lo aconsejable es que la piel dañada esté muy bien hidratada”.

En el caso del aloe vera, según informa la farmacéutica, “se ha visto que es antiinflamatorio, cicatrizante y emoliente y que se puede usar en el tratamiento de quemaduras solares”, sin embargo, tal y como advierte Rodríguez, “en ocasiones puede ser peligroso ya que las plantas con frecuencia contienen sustancias que pueden ser irritantes o en algunas personas dar reacciones alérgicas”.

El resto de remedios, “no aportan prácticamente nada específico las quemaduras, más allá del alivio sintomático”.

Activos cosméticos

Tal y como señalan desde Sefac, “la fitoterapia ofrece múltiples extractos vegetales que se usan actualmente para fabricar cosméticos con propiedades calmantes”.

Así se puede encontrar en el mercado:

Aloe Barbadensis: que posee acción cicatrizante, antiinflamatoria, emoliente, hidratante y humectante. También tiene efecto fitoprotector y previene la inmunosupresión que produce la radiación ultravioleta.

Caléndula ofiicinalis: que favorece la cicatrización y estimula la angiogénesis del tejido dañado. Además, es emoliente y antiséptica.

Dexpantenol: que es hidratante, antiinflamatorio y cicatrizante.

Otros activos son urea, ácido láctico, óxido de zinc, aceite de silicona, hamamelis, aceite de almendra, lanolina, colecalciferol, retinol, cera de abeja, vaselina, bálsamo del Perú, etc.

A estos, Juanes añade otros activos como la manteca de karité, emolientes ricos en vitamina E, la caléndula, la rosa de mosqueta o el aceite de almendras.

¿Cuándo podemos volver a tomar el sol?

Aunque nos puedan las ganas de volver a tomar el sol tras una quemadura, el consejo de los expertos es no hacerlo durante unos días, “ya que retrasa el proceso de regeneración e irrita e inflama más la piel”, expone Juanes. Y es que “la zona quemada debería descansar unos días para que volvamos a tener una piel que cumpla sus funciones en esa zona”, añade Rodríguez.

Si se realizan actividades al aire libre el consejo es “utilizar productos de protección solar alta y de amplio espectro, sin olvidar otras medidas de protección como el uso de gorro, gafas de sol y una indumentaria fresca que cubra las zonas sensibles”, aconseja la farmacéutica. Para mantener la protección “hay que repetir la aplicación con frecuencia y evitar las horas centrales del día”.

Ojo con tomar el sol en el agua

No siempre tomar el sol en la tumbona puede provocarnos quemaduras, sino que, estar mucho tiempo en el agua también puede provocarlas. “Esto ocurre también en la nieve, ya que el agua o la nieve realizan un “efecto espejo” que concentra los rayos ultravioleta y, por tanto, sea más fácil que una persona pueda sufrir una quemadura de manera más rápida aunque utilice fotoprotector solar”, informa Sánchez Viera. Y es que como informa Rodríguez, “cada superficie refleja el sol de una manera diferente”. Así, comenta, “la arena de playa refleja aproximadamente un 20% de la radiación, el asfalto un 5%, el césped un 10-20%, el agua del mar un 25-30%, la nieve por ejemplo, hasta un 80%, por eso nos quemamos con más facilidad en unos sitios u otros”.

En este sentido, hay que recalcar que “el fotoprotector solar lo que hace es multiplicar por el SPF el tiempo que podemos estar expuestos al sol sin quemarnos, pero pasado ese tiempo se podrá producir una quemadura igualmente, de ahí la necesidad de reaplicarlo de manera continuada y del consejo de utilizar ropa holgada y gorros y sombreros para evitar las quemaduras”, concluye Sánchez Viera.

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