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Sexualidad

Después de un ictus hay vida y sexualidad

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María Sánchez-Monge

En España hay más de 330.000 personas que presentan alguna limitación funcional por haber sufrido un ictus (también conocido como enfermedad cerebrovascular), según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Se trata de la segunda causa de muerte (la primera en mujeres) y el primer motivo de discapacidad adquirida en los adultos. Quienes sobreviven se enfrentan a un periodo rehabilitación –que puede ser largo- y a la meta de retomar su vida cotidiana, incluyendo la sexualidad.

¿Se pueden mantener relaciones sexuales tras un ictus? La respuesta es sí: “Se recomienda que el paciente mantenga una vida sexual lo más activa y parecida a la de antes de sufrir un ictus”, señala la neuróloga Ana Morales, vocal del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la SEN.

Coincide con ella el enfermero Alejandro Lendínez, profesor titular de la Escuela de Enfermería de la Cruz Roja-UAM, quien recalca que la actividad sexual “puede reanudarse tan pronto como el paciente se sienta preparado”. El miedo más frecuente es que las relaciones sexuales puedan causar otro ictus, pero “la evidencia indica que esto no es cierto”.

“Durante la actividad sexual aumenta la frecuencia cardiaca, pero no más que durante la actividad diaria normal, y la presión sanguínea no se eleva de forma significativa”, apunta el también coordinador del grupo de estudio de Neurorrehabilitación de la Sociedad Española de Enfermería Neurológica (Sedene). En todo caso, advierte de que, “si el paciente es hipertenso, se le debe aconsejar que tome su medicación tal y como se le ha prescrito y consulte a su médico en caso de tener algún problema”.

Secuelas del ictus

El miedo actúa como elemento disuasorio en muchas ocasiones, pero además hay que tener en cuenta que muchos pacientes no están en disposición de volver a mantener relaciones sexuales de manera inmediata. “Normalmente suelen disminuir su vida sexual”, confirma Morales. Las causas son multifactoriales y confluyen aspectos psicológicos o fisiológicos (secuelas) con el temor de la pareja o del propio paciente a mantener relaciones sexuales por las consecuencias que pueda tener.

La debilidad, la incapacidad para moverse y la alteración de la percepción de sí mismos son algunos de los factores que pueden tener un impacto significativo en la sexualidad.

De hecho, numerosas personas que han sufrido un ictus suelen referir cambios negativos en su vida sexual producidos por una disminución de la sensibilidad, dolor tras el accidente cerebrovascular, fatiga o efectos secundarios de la medicación. Lendínez agrega que la disfunción eréctil, la sequedad vaginal o la incontinencia urinaria –con el consiguiente miedo a sufrir pérdidas de orina durante una relación- se encuentran entre las posibles secuelas del ictus.

Tratamiento individualizado

La individualización es, como en tantas otras enfermedades, una de las claves del éxito de los tratamientos encaminados a mejorar la sexualidad tras un ictus. “Por lo general, si la rehabilitación consigue mejorar la sensibilidad, esto repercutirá en la vida sexual”, comenta Morales. “Además, se puede evaluar la administración de medicación para ver si contribuye a mejorar la disfunción”.

Lendínez recuerda que una adecuado cumplimiento del tratamiento prescrito tras el accidente cerebrovascular es fundamental para la rehabilitación del paciente en todas las esferas.

La sexualidad en la consulta y como parte de la rehabilitación

La sexualidad debe incluirse dentro de la rehabilitación integral de quienes han sufrido un ictus, pero no siempre se le confiere la importancia que le corresponde. “Según estudios realizados en pacientes a los que se les realizan entrevistas sobre cómo abordan su sexualidad tras un ictus, no es frecuente que se traten estos problemas en la consulta”, expone Morales.

El momento en el que se empieza tratar el tema dependerá de cada paciente, ya que, según la neuróloga, “algunos prefieren que se aborde incluso cuando todavía están en el hospital, mientras que otros se decantan por hacerlo más tarde, cuando ya ha comenzado la rehabilitación”.

A este respecto, el enfermero abunda que “en las unidades de neurorrehabilitación se abordan las secuelas en la esfera sexual desde que el paciente y su pareja están en disposición de tratarlas”. Cree que la sexualidad debe ser “una parte fundamental de los programas de rehabilitación” y que en ella deben estar implicados todos los profesionales necesarios: rehabilitadores, enfermero, neurólogos, fisioterapeutas, logopedas, sexólogos…

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