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China-EEUU. Por qué TikTok es un peligro real para la seguridad mundial

Trump ha impuesto a la app un ultimátum para que halle un dueño americano o deje de operar en EEUU. Su excusa: que la red social, con 800 millones de usuarios, es un coladero de información para el Gobierno chino. El plazo acaba el 15 de septiembre.

Uno. TikTok es una red social china de vídeos cortos en la que unos 800 millones de adolescentes de todo el planeta, algún adulto y muchos famosos bailan, cantan y replican coreografías imposibles cada segundo. Hay vídeos de gatitos -por supuesto- hay filtros, memes, retos virales, aguacates para desayunar y un ejército de nuevos influencers, llamados ahora tiktokers.

Dos. TikTok es, además de todo eso, la última gran amenaza para la seguridad internacional.

Entre unos inocentes playbacks en la piscina y el último capítulo del nuevo desorden mundial hay un cóctel de ingredientes de consecuencias ahora mismo imprevisibles. Cojan los eternos recelos entre Washington y Pekín, añadan una aplicación que acumula más de 2.000 millones de descargas en todo el mundo y un negocio multimillonario en la incontrolable red social, sumen la batalla por la codiciada supremacía tecnológica y mézclenlo todo con el oscurantismo chino y la histeria de un personaje como Donald Trump a tres meses de las elecciones en Estados Unidos en medio de una pandemia global.

El resultado es un desafío contra reloj del imprevisible inquilino de la Casa Blanca a la app asiática. El pasado domingo, Trump le dio un plazo de 45 días a TikTok para pasar a manos de capital estadounidense. De lo contrario -advirtió- la compañía china tendrá prohibido operar en el país por motivos de seguridad.

Casi en paralelo al ultimátum de Trump, Microsoft confirmaba públicamente su intención de «explorar» la compra de TikTok para operar en EEUU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda y prometía una estructura «basada en la experiencia que los usuarios de TikTok adoran» pero agregando «protecciones de privacidad y seguridad digital a nivel mundial».

Este mismo jueves, el presidente estadounidense, que ya reclamó un veto para Huawei, elevaba la presión y prohibía cualquier transacción o negocio con ByteDance, el desarrollador chino de TikTok, hasta que la aplicación pase a manos americanas. Y añadía en el mismo paquete a la empresa tecnológica Tencent, responsable de la aplicación WeChat, el WhatsApp chino.

La cuenta atrás termina el 15 de septiembre.

Tik… tok…

El debate sobre la seguridad en TikTok no es nuevo, sólo se ha acelerado durante la pandemia del coronavirus. Las distintas órdenes de confinamiento en todo el mundo provocaron que sólo durante el primer trimestre de este año TikTok acumulara 315 millones de descargas, récord histórico para cualquier aplicación en tan poco tiempo. Entre abril y junio se sumaron 300 millones más. Según la Casa Blanca, en EEUU se han superado ya las 175 millones de descargas.

La orden ejecutiva firmada esta semana por Donald Trump sostiene, literalmente, que la recopilación masiva de datos por parte de TikTok «amenaza con permitir que el Partido Comunista chino acceda a la información personal y privada de los estadounidenses, lo que potencialmente le permite a China rastrear las ubicaciones de los empleados y contratistas federales, crear expedientes de información personal para chantajes y realizar espionaje corporativo».

Pero, ¿puede realmente una aplicación juvenil de bailes y gatitos convertirse en una amenaza para la seguridad en Occidente?

«TikTok no es particularmente más dañina que cualquier otra red social. Todos los datos, los de Facebook, los de Instagram o los de Twitter, terminan siempre en manos de alguien. El problema es quién es ese alguien. Si terminan en manos de un gobierno autoritario, no parece el mejor destinatario», advierte Claudio Feijóo, catedrático de la Politécnica de Madrid y responsable de desarrollo de negocio de la Universidad en Asia desde hace siete años.

Todos los datos, los de TikTok y los de Facebook, terminan en manos de alguien. El problema es quién es ese alguien

CLAUDIO FEIJÓO

«Al final es una cuestión de gustos. ¿Prefieres que tus datos estén en manos de Zuckerberg o en manos de un gobierno?», insiste Feijóo. «Si a ese gobierno los derechos humanos le dan un poco lo mismo, el resultado puede ser problemático… Aunque hemos de admitir que a las compañías privadas los derechos humanos tampoco les suelen preocupar demasiado».

Los riesgos de TikTok que señalan los servicios de inteligencia estadounidense apuntan a tres frentes. Primero los datos, claro. La información de cientos de millones de usuarios americanos que pueden entrar cada segundo, según la administración Trump, en las bases del Gobierno chino. Segundo, la capacidad de China para filtrar propaganda y censura en la sociedad americana a través del algoritmo de la aplicación. Y tercero, la amenaza a la seguridad que implica la combinación de lo primero más lo segundo.

«Las redes sociales manejan potentísimos algoritmos capaces de reconocer conductas e imágenes y establecer patrones. Eso, que inicialmente se pensó para hacer publicidad muy personalizada, se convierte en una herramienta mucho más potente si se aplica a la inteligencia», asegura Ricard Martínez, profesor de Derecho Constitucional en la Universitat de València y Director de su Cátedra Microsoft de Privacidad y Transformación Digital. «Cualquier vídeo de TikTok incorpora metadatos, así que puedo saber quién eres, con quién te relacionas, cuál es tu personalidad, a qué te dedicas y desde dónde subes tus vídeos. Si eres una persona de interés estratégico, voy a tenerte geolocalizado, a ti o a tus hijos. Esto para el común de los mortales no es relevante, para un espía sí».

-¿Hasta qué punto toda es información que maneja TikTok puede ser eficaz en esta nueva guerra fría?

-La información que te da una red así es de un altísimo valor estratégico porque te permite indexar disidentes, localizar a funcionarios de otros estados, conocer tipos de movimientos y conductas y manipular la conversación a través de la manipulación del algoritmo. Si un Gobierno tiene el control sobre esa aplicación, puede estimular los conflictos sociales en un país dando preferencia a determinadas informaciones que se verían por encima de otras. Y es ahí donde se juega la guerra cibernética.

El algoritmo de TikTok se convierte en una herramienta mucho más potente si se aplica a la inteligencia

RICARD MARTÍNEZ

La aplicación china no sólo registra lo que publica o ve cada usuario. Sabe también su ubicación, su dirección de internet, el tipo de dispositivo que utiliza, su historial de navegación, así como el contenido de los mensajes que intercambia con otras personas, sus contactos, su edad, su número de teléfono, sus fotos, sus vídeos, su información de pago y todo aquello que le hace seguir un segundo más enganchado a TikTok.

Pese a que su política de privacidad reconoce que toda esa información que recopilan puede ser compartida «con una matriz, subsidiaria u otra filial del grupo», TikTok asegura que los datos de los usuarios americanos se registran fuera de China.

De hecho, para eso nació TikTok, la versión occidental de una aplicación que en China se llama Douyin, que explotó en todo el mundo tras la fusión con Musical.ly y cuya matriz es ByteDance, ahora mismo la startup más valorada del mundo: unos 75.000 millones de dólares. Al frente está Zhang Yiming, hoy en el ojo del huracán.

«Siempre hemos insistido en garantizar la seguridad de los datos de los usuarios, la neutralidad de la plataforma y la transparencia», reiteraba el pasado lunes Zhang en una carta dirigida a sus empleados en la que mostraba su desacuerdo con las exigencias de Trump, pero dejaba una puerta abierta a la negociación que ha irritado a la sociedad china, o a la sociedad que el Gobierno de Xi Jinping ha querido que se irrite. Durante los últimos días ha habido una campaña en el país asiático para acusar a Zhang de traidor y de «apologista estadounidense».

La estrategia del empresario nacido en Longyan siempre fue internacionalizar su producto. Fichó a una veterana ejecutiva de YouTube para dirigir sus operaciones en EEUU y en mayo contrató a un ex alto cargo de Disney como director ejecutivo de TikTok y director de operaciones de ByteDance.

El mes pasado, y tras ser vetada en la India por «perjudicar la soberanía e integridad del país», TikTok quiso subrayar su respeto a la privacidad anunciando su salida del mercado de aplicaciones en Hong Kong, después de que Pekín impusiera allí su nueva Ley de Seguridad Nacional, que permitía requerir los datos de sus usuarios. TikTok respondió en Hong Kong igual que Facebook, Twitter o Google.

«TikTok es la primera app china que ha tenido un verdadero crecimiento global con un punto de vista occidental», señala Miquel Pellicer, profesor de Ciencias de la Información de la UOC. «Hace unos años habría sido un éxito brutal para EEUU que el capitalismo triunfara de esta manera en China. Sin embargo ahora lo que preocupa es su influencia en el ámbito cultural, económico y tecnológico, que TikTok sea el caballo de Troya en esta batalla geopolítica».

Con tantos millones de personas empleando TikTok, ya hay lugar para el ciberactivismo y la ideologización de contenidos

MIQUEL PELLICER

Preocupa además su transformación en arma política, más allá de conspiraciones cruzadas. La pandemia no sólo ha disparado las descargas de TikTok, sino que ha ido infectando su algoritmo de debate ideológico. Casi todos los partidos tienen ya cuenta en la red social (en España, Vox tiene 23.000 seguidores y Podemos casi 93.000) y en los últimos tiempos han proliferado hashtags a favor y en contra de Donald Trump, en defensa del movimiento Black Lives Matter y hasta retos virales en nuestro país para desvelar la inclinación política de los jóvenes. Busquen en TikTok #tagdelcayetano.

«Sigue siendo una aplicación relativamente joven en la que prima el buenrollismo, pero ha alcanzado una masa crítica de usuarios que dificulta esa uniformidad fundacional. Con tantos millones de personas empleando TikTok, ya hay lugar para usos mucho más diversos, y eso incluye el ciberactivismo y la ideologización de contenidos», afirma Pellicer. «Hoy, cuando hablamos de redes sociales hablamos de ecosistemas, de tribus, de pertenencia. Y para los partidos es muy tentador explotar el sentido de comunidad en una red como TikTok, que es muy básica pero engancha, sobre todo en estos tiempos en los que el discurso político no exige una gran profusión de ideas».

Eso abre otro frente en esta guerra: ¿Puede Trump permitirse a tres meses de las elecciones cerrar una aplicación que entretiene a cientos de miles de jóvenes en EEUU?

«Es obvio que a Trump no le están yendo bien las cosas y tiene que hacer algo. Pero el éxito para él no sería cerrar TikTok, sino hacerla americana. Poder decir que ha impuesto su poder. Eso es muy complejo porque en China ocurre justo lo contrario, hay un profundo rechazo nacionalista hacia EEUU», apunta Feijóo, que reside en Shangai desde 2013. «En el otro lado está Bytedance, que necesita una solución vendible en China, un país en el que no existe la posibilidad de que hagas algo que tenga una lógica empresarial y no coincida con la lógica del Partido. Hay un juego político muy complejo de fondo, no es sólo una cuestión empresarial».

Ricard Martínez, por su parte, cree que si las amenazas de Trump son sólo una «pantalla política para provocar un debate y desviar la atención», esta guerra quedará en nada. «Pero si realmente tiene información para inferir que TikTok pone en riesgo la seguridad nacional, no le temblará el pulso».

El problema de fondo, subraya, es la ausencia de un tratado internacional que ofrezca garantías a los usuarios a nivel global. «Estamos tan expuestos a TikTok como a Facebook o a Instagram, la diferencia es que en Europa hay unos niveles de restricción muy altos, en América son más laxos pero existen y en China no hay límite. Unos actúan en un marco de estado de derecho, por flexible que sea, y otros no tienen control. Cuando eso pasa en un país con mil millones de personas, una potencia militar, espacial y nuclear, la guerra adquiere otra dimensión. Es aquí donde se juega la batalla por la nueva hegemonía».

Y la cuenta atrás avanza.

Tik… Tok…

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