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Descubriendo la cultura pizarrera en España

La pizarra es la protagonista de los conocidos como ‘pueblos negros’. El encanto que aporta este material a los tejados crea un ambiente muy curioso en algunos lugares de España.

La historia de la pizarra como material para cubrir los tejados se remonta a finales del siglo XVI, durante el reinado de Felipe II. Fue este monarca el que impulsó la utilización de este material, quitando el protagonismo a la popular teja y el color naranja que aporta a los tejados. La zona más importante de la industria pizarrera en España se encuentra en la provincia de León y la zona este de Galicia, pero su escasez ha contribuido a elevar su coste: su precio es siete veces mayor que el de la teja. En estas zonas del norte peninsular, la extracción y manipulación de esta roca es una de sus principales actividades económicas, dando trabajo a gran parte de la población.

El uso de la pizarra en los tejados ha creado pueblos repletos de encanto. Hay quien ha descrito a estas localidades como pueblos negros, por el característico color negro que aporta la pizarra en los tejados, incluso en algunas zonas se utiliza la pizarra para el suelo. Algunos de los pueblos negros distribuidos por el territorio nacional más destacados se detallan a continuación:

La muralla de Lugo es otro gran ejemplo de la utilización de la pizarra en Galicia. Se trata de una muralla excelentemente conservada y Patrimonio de la Humanidad que fue construida por los romanos en el siglo III. Además de utilizarse pizarra para su construcción, también se emplearon bloques de granito, y su aspecto actual casi no difiere de su configuración original, siendo una de las edificaciones romanas de su género mejor conservadas del país.

A Seara es uno de los pueblos más representativos de la sierra de O Courel y del municipio lucense de Quiroga. Asentado en el fondo de un valle surcado por el río Selmo, con el pico Formigueiros como telón de fondo, este pequeño pueblo de montaña construido en pizarra es el punto de partida de una de las rutas más representativas del municipio y de toda la Serra do Courel. Se trata del camino que llega a la laguna de origen glaciar conocida como A Lucenza. Esta aldea ha sido restaurada de forma integral, y destaca su ambiente y arquitectura popular de montaña, con sus tejados de pizarra y sus hermosos corredores y balcones de madera.

Pero no solo se pueden encontrar estos pueblos allí donde la industria pizarrera es la principal actividad económica. En las tierras altas del noroeste de Guadalajara se encuentran otros pueblos negros. Son muchos los pequeños pueblos de esta zona famosos por su singular arquitectura, pero entre ellos destaca Majaelrayo, donde la pizarra baña sus casas salpicadas por la madera de su armazón y sus vanos. La Iglesia, aunque de construcción moderna, se hizo con la intención de integrarse en el entorno y no desentonar del conjunto. Un gran atractivo de este pueblo es su oferta para disfrutar de la naturaleza, tanto en la ascensión a los picos que lo rodean como en la excursión del río Jaramilla o la ruta al Arroyo y Cascada de la Matilla. Otros pueblos negros destacados de Guadalajara son CampillejoRoblelacasa o Campillo de Ranas.

En la provincia de Lleida también se encuentra otro de los municipios más bonitos con la pizarra como protagonista. Se trata de Vielha, situada en el entorno natural tan admirable como es el Valle de Arán. Dar un paseo por su casco antiguo y conocer su arquitectura y ambiente es una de las mejores actividades. La Iglesia de San Miguel, de estilo gótico aranés, es una de las más bonitas del Valle, especialmente por su campanario fortificado y su interior. Su cercanía con diversos parques naturales, lagos y demás parajes naturales convierten a este municipio catalán en la base para muchas rutas senderistas por el pirineo catalán.

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